POR FIN EN CASA


Queridos amigos:

Por fin en casa, habremos llegado hace una hora y parece confirmarse que es un cólico nefrítico, algo doloroso y molesto pero nada más, muchísimas gracias a todos los que os habéis interesado por mi cariñito.

Pero si lo de mi marido ha sido algo molesto pero nada más, me he llevado un gran disgusto en el hospital, en urgencias me he encontrado con una vecina de un barrio próximo de mis padres, donde mi abuelo tenía su tienda de alimentación, que conozco desde pequeña, la vida nunca le ha sido muy fácil, pues ha tenido que trabajar desde muy joven para sacar adelante a su familia, pero ahora estaba en el hospital por un motivo terrible, su hija, de 29 años, había intentado hoy por tercera vez en lo que va de mes suicidarse. Los motivos, aparentemente tonterías dirían algunos, está en paro, la ha dejado el novio, muchos pensarán que no es motivo para quitarse la vida, pero es que cuando se está vacía, cuando no se cree en nada, la soledad tiene que ser terrible, por eso os escribo esto, en primer lugar para desahogarme con vosotros como hago tantas y tantas veces, y en segundo lugar para que encomendeis a Cecilia, que es cómo se llama la chica, en vuestras oraciones, para que Dios se haga el encontradizo con ella, y la lleve a que recupere su ilusión.

Mientras su madre me lo contaba destrozada, fumándonos un cigarro en la calle a las puertas de urgencias, no pude evitar retroceder a mi edad de los 16 añitos, cuando ayudaba en la parroquia en los Talleres de Verano, para los niños de ese barrio humilde, donde mi abuelo tenía su tienda de comestibles, recuerdo esa niña rechonchita, muy morenita de piel, con una gran sonrisa, pero a la vez tímida, y con dos grandes ojos aceitunados, y el pelo muy lacio.

La recuerdo perfectamente, y los talleres para rellenar botes con sal de colores, la pasta de papel, los experimentos a modo de teléfono con los vasos de yogurth, el cuentacuentos, y el juego de los piratas. Hoy esa niña es una mujer, pero yo creo que en su mente, algo no va bien, y la verdad, no he podido evitar que se me saltaran las lágrimas, en primer lugar, porque Cecilia, es una buena chica que está metida en un pozo de depresión y no encuentra sentido a su vida, y en segundo lugar, ver esa madre con la cara destrozada, rota de dolor, y ponerme en su lugar cómo madre que yo ya soy también, eso me decía, Ana hija tu me entiendes, tu eres madre también. Les ha tocado lidiar en una plaza complicada, pero yo creo que con el capote del Jefe Celestial, y con vuestra ayuda, en oración podemos intentar ayudarla.

Muchísimas gracias a todos, y perdonad a esta pidona que no hace más que pedir y pedir últimamente.

 

Un fuerte abrazo.

 

Anaroski.

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