YO QUIERO Y YO PUEDO.


Recuerdo esta frase, que hoy he usado para el título de esta entrada, recuerdo el año. Fue en el 2008/09, y se la dije a mi campanilla, Lucía. Recuerdo el horrible año que llevábamos en muchos aspectos, y entre otros, nos había tocado la china con la profesora. Educación Infantil de 4 años, y dos profesoras la Señorita Erika (tutora y profesora de inglés), y la Señorita María (profesora de lengua castellana), ambas el día y la noche, la primera morena, la segunda pelirroja, la primera trabajadora y cariñosa, la segunda una floja y una pasota.

Recuerdo a Lucía, con su excesiva actividad, y sus distracciones y recuerdo la locura de enfrentarnos a que interpretara sus primeras letras, recuerdo los trabajos en casa, y recuerdo como hija crecía como persona con Erika y como se estancaba y se fustraba con María, para colmo, 515 euros al mes por su escolaridad para que mi hija, tan sólo viera pelis de Disney cuando la señorita María daba clases, muchas visitas al centro escolar, e incluso la sensación de que erámos unos padres histéricos y cómo no, mal educados, que se le va a hacer, hay ciertas personas a las que no se les puede insinuar que no lo están haciendo bien, pero la perjudicada de la historia era mi hija. Recuerdo aquella nota desencadenante de todo. “OS ANIMO A QUE TRABAJÉIS CON VUESTRA HIJA EN CASA”, reconozco que ahí no pude más, y reventó toda mi ira, ¿ANIMARME A MÍ? pensé, y llamé a mi marido al trabajo hecha una fiera. Recopilé todas las tareas que extraescolarmente mi hija hacía conmigo en casa, y me planté en el colegio. La reunión fue fuertecita, pues inicialmente nos ponía la excusa que al no ser la tutora teníamos que dirigirnos a ella a través de la tutora, incluso tuvimos que mandar un mail al centro dirigido a la directora.

Y llegó el día, en el que nos entrevistamos y recuerdo sus palabras, Lucía sería prácticamente una inepta, una niña que nos daría muchos problemas, y a nivel escolar, sería un fracaso, menuda visionaria decir eso de una niña con cuatro años recién cumplidos. Recuerdo la cantidad de veces que mi hija lloraba sintiendose una inútil, y al sentarse ante el libro de lectura, gemía Mami es que no puedo, y recuerdo que yo ya no podía más.

Y un día la abracé fuerte, y le dije cariño ¿quieres?, ella me dijo que sí, y entonces le respondí pues si tú quieres, tu puedes, y verás la satisfacción tan grande de conseguirlo, y así empecé a trabajar esa frase que tanto encerraba en su significado, y encerraba porque ayudando a mi hija, me ayudaba a mí, que prácticamente no podía más en esos momentos viendo como mi economía cada vez iba a peor, poco a poco, Lucía se fue creyendo que podía, y lo fue queriendo cada día más.

Al volver del verano, la magnífica María, debido a las protestas de los padres, de 27 niños, protestaron los padres de 22, había sido ascendida a Jefa de la Sección Infantil en un nuevo centro que el Colegio había abierto en Sevilla, todo un alivio gracias a la ley de la patada hacia arriba, y Lucía iniciaba Educación Infantil de 5 años, de la mano de Inma, una gran profesional, estricta, cariñosa y trabajadora, y el milagro se obró. Lucía aprendió a leer perfectamente, mejoró en su actividad, era capaz de controlar algunas de sus reacciones, otras sigue en ello, al igual que yo que ya voy camino de los cuarenta. El curso finalizó y mi hija fue la mejor de su clase con diferencia, ¿donde estaba la bola de cristal de esa visionaria floja y sin vocación?

Ahora, campanilla ha cambiado de cole, está en el Liceo del Sagrado Corazón, la economía ha mandado, y la verdad que la Obra y la caridad con los demás no son muy afines, y no hemos recibido ninguna ayuda, simplemente es un colegio privado más, nada más, donde he podido aprender cosas y descubrir buenos profesionales a los que guardo gran afecto y mantas mojadas, en fin como en todos sitios. Y es una niña centrada, trabajadora y bastante organizada teniendo en cuenta que tiene cinco años y que hasta el 30 de diciembre no tendrá seis.

Con estas líneas quiero dar las gracias a Inma Macías, por todo el cariño y comprensión que nos dio el pasado curso, cuando tanto lo necesitamos, y también dar las gracias al nuevo centro que nos ha recibido con los brazos abiertos. Se ha cerrado un capítulo, y ha comenzado uno nuevo, pero todos hemos aprendido gracias al ejemplo de Lucía, si yo quiero yo puedo. Y es que los hijos te enseñan y te dan lecciones cada día.

BUENAS MADRUGADAS.

2 comentarios en “YO QUIERO Y YO PUEDO.

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