UN HIJO NUESTRA SALVACIÓN.


Menudo día el de ayer, paseo en bici, trabajo en casa, y después Misa de ocho de la tarde en el Carmen, la verdad que lo intento, pero que mal llevo lo de madrugar los fines de semana, así que al final acabo allí, en la Misa de ocho de la tarde, como los malos estudiantes en la última convocatoria.

Llegamos a Misa a falta de diez minutos de comenzar, a Anita y a mí nos gusta rezar un Misterio del Rosario antes de adentrarnos en la gran fiesta de la Eucaristía, y estábamos toda la familia al completo, la verdad es que Antonio cada vez falta menos, a esto de su cita semanal con el Padre de los Cielos, lo que no he tenido narices de conseguir yo, lo está consiguiendo mi hija Ana, y es que por los hijos lo que haga falta, y mi marido es de los que piensa así, y poco a poco, pues el hombre va recogiendo.

Como estrategia familiar, suelo ponerme en primera fila, si señores en el primer banco, pero tiene su explicación, el ver tan cerca al Sacerdote impone en mis hijas pequeñas una cierta corrección, al menos en Lucía causaba efecto, pero en Blanca, con más escuela lo causa menos. Teníamos que confesar pues el domingo anterior habíamos hecho robonas, y no habíamos ido debido a la visita de unos amigos, así que tal como el otro sacerdote entró en el templo nos levantamos Ana, una amiguita que nos acompañaba y yo para ponernos en cola para confesar.

Tal como nos levantamos comenzó la Eucaristía, y acabaron uniendose al remolque de la fila, Lucía porque había visto a su profesora y Blanca, de forma que Antonio se quedó solo en el tercer banco ante el altar, incluso el pobre tuvo que decir a dos matrimonios que estaba el banco ocupado.

Blanca danzaba por el templo como si se tratara de una fiesta, y no podía controlarla, a Lucía la mandé de inmediato al banco y obedeció, los dos años y pico que se llevan se nota. Mientras que Ana se confesaba, tuve que quitarla del reclinatorio del confesionario ya que estaba subida y saltando como un mono cogida de una rama y el pobre sacerdote era incapaz de concentrarse. Ana finalizó y fue su amiga, a la que también tuve que salvar del incordio de Blanca. Y llegó mi turno, tal cómo iba por el segundo pecado, habéis escuchado bien, mi hija había escalado hasta el techo del confesionario y toda la congregación allí reunida estaba más pendiente de Blanca que de la Segunda Lectura que era la que se estaba proclamando. Fue entonces cuando le dije al sacerdote, perdone  Padre pero me he quedado en blanco y es que esta niña me saca de quicio y me hace que pierda la paciencia y tenga ira, y pierda los nervios. No te preocupes hija mía, que yo te absuelvo de tus pecados porque esta niña va a ser tu tabla de salvación y la que te lleve al cielo, vete en paz, vete en paz.

En, fin, que el pobre sacerdote se puso nervioso también y temería que mi hija tirara abajo el confesionario, pero así tuve mi confesión a medias, por Blanquita, que salió corriendo en medio de la proclamación del Evangelio, y no paró ni un momento, hasta que Antonio se la llevó en brazos a dar un paseo, y eso que va a Misa desde que nació. Al finalizar la Misa, Lucía me dijo ¿mami me he portado bien? y ella contestó, yo me he portado mal ¿verdad mamá?, esa fue la respuesta de Blanquita.

Al salir de Misa, el Padre Pepe, que no había perdido prenda desde el Altar, le dijo a Blanca, hoy me has escalado hasta el confesionario, pero con una sonrisa en los dientes. Y me dijo, mujer esto es una alegría, y en ese momento no pude evitar pensar en los niños que están enfermos y no pueden hacer estas travesuras, por supuesto pero hay que educar y esta apunta maneras a que no va a ser fácil doblegarla. Eso sí, quererla la quiero con locura aunque consiga ponerme en el límite en todo momento y todos los días.

BUENAS MADRUGADAS.

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2 comentarios en “UN HIJO NUESTRA SALVACIÓN.

  1. Querida Ana: qué bien lo he pasado leyéndote, genial este post, cómo si hubiera estado en esa iglesia del Carmen que tanto me gustaba.
    Me encanta ver a los niños revoloteando en las iglesias y no te digo nada lo contento que estaría Jesús con lo mucho que le gusta que se le acerquen los niños.

    Una maravilla como has dejado el blog.
    ¡Felicidades!
    un beso enorme

    Me gusta

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