38 Años de Navidad


 

Treinta y nueve años de Navidad en la Familia Domínguez, casi nada, y es que esta familia que cada vez se hace más y más grande, tiene a lo largo de su historia mucho que contar.

Todo comenzó un buen día cuando Ana Gómez y Manuel Domínguez decidieron emprender una vida en común, y de esto os puedo asegurar que hace mucho más que 39 años, se casaron y tuvieron tres hijos Ángel, Mari y después llegaría el benjamín, Manolo. Pero hoy me voy a centrar en la parte de la historia, que yo conozco y que se corresponde desde el año anterior a mi nacimiento, que fue el primer escalón a lo que poco a poco iría sucediendo después.

Navidades de 1.972, la familia Domínguez la celebra con su recién casada hija María Concepción, y se le une la familia Ros, Anita y Gerardo consuegros de excepción, pero ya ahí alguien no tardaría mucho en llegar, tan sólo dos días más tarde, nacería yo.

Navidades de 1.973, un nuevo eslabón se uniría a la celebración, serían mi Tío Angelín y su recién estrenada esposa, la Tata Mari, que el Mari no lo tiene por ninguna parte, pero es como la llamamos, porque llamarse se llama Ascensión.

En 1974, el número de nietos subiría a dos, y nacería mi hermano Gerardo, que fue recibido con gran ilusión.

En 1975, las cosas continuarían igual, las mismas personas, y sin cambios pero con muchos deseos por partes de mis tíos de aumentar en la familia la población.

Y así llegamos a 1.976 que serían las primeras navidades para Marichón.

1977, y ya la cosa comenzaba a ser legión, Ana, Gerardito y Marichón, eran los Reyes de la Casa que seguía manteniendo viva la tradición, buenos momentos y alegrías a mogollón.

En el 78, llegaría una explosión, nacía mi primo Manolo, y con su risa y cobeo se supo adueñar de la situación, no había nadie más gracioso y con tanto arte, con esa capacidad de  con tan solo una sonrisa animarte. Los primos eran ya cuatro, dos niñas y dos niños, que de todos recibían un gran cariño.

Pasaron el 79 y el 80, y pudimos disfrutar de ese precioso anuncio de las muñecas de famosa, 8, 6, 4 y dos eran los años que teníamos y la ilusión de aquellos días, nuestros juegos en el Callejón a encontrar tesoros, nuestras peleas, y nuestras risas, y aquella Marichón que ya apuntaba a maneras, enseñaba a todos sus Nenucos y Mocosetes a como hay que estudiar en la Escuela.

En 1.981, nacería Cuquito, y se convertiría en el chiquitín de la familia, aún lo recuerdo disfrazado de cosaco con esos dos chapetones, o con ese peto de pana morado, y sus turnos para comer, porque no os creáis era capaz de almorzar hasta tres veces, buen yantar el de Cuco, si Señor.

En el 82, yo ya tenía 10 años, y los que me seguían pues ocho Gerardo, seis Marichón, cuatro Manolo y un año el cuquito que salía más barato comprarle un pantalón, porque comer el tío se lo comía todo, pero ya ahí teníamos una nueva ilusión, una rubia se gestaba y pronto ocuparía un lugar importante en nuestro corazón.

En las Navidades del 83, la Rubia, es decir, mi prima Rosita, con nueve meses participó, pronto fue conocida por lo contrario del primo anterior, comer lo que se dice comer, no comía nada, aunque ahora de mayor se lo come tó.

Y así ya seríamos seis los primos, que se reunirían en esta importante celebración, y lo haríamos durante el 84 y el 85, con el puchero de Abuela Ana, y cantando villancicos.

En 1.986 se volvería a romper la racha del no comer, y nacería Manolo, que bien podía haber hecho un anuncio de los potitos Nutribén, un niño de anuncio, con unos ojos azules, y ya con esto mi abuela tenía tres, dos Manolo y una Rosita, con ojos claros para querer.

Pasaron los años, y de todo pudimos ver, insolencias, alegrías, malos momentos, y algarabía, y poco a poco, nuestra niñez pasaba a ser un solo recuerdo, y comenzaba a llegar nuestra madurez como personas jóvenes, que  empezaban a resolver.

Y así pasaron doce años, hasta llegar a las Navidades del 98, mis primeras navidades de casada que yo pasé, embarazada de mi primera hija, que no llegaría a nacer.

El 99 fue un año duro, y creo que casi lo borré, pero llegaría el 2.000 con mi hija Ana que la sonrisa a todos nos volvería a devolver, una niña esperada, que la ilusión a la familia volvería a devolver.

Durante cuatro años fue la estrella de la casa, la mimada de la familia, todos la querían y estaban pendientes en demostrarle su querer, pero algo se estaba gestando y coronando la Nochevieja, un 30 de diciembre de 2.004 se dejaría ver. Era mi hija Lucía, que mes y medio antes, llegaría para estas nuestras fiestas conocer, no quería perder detalle, y se adelantó su llegada a la vida, para nacer. Entre inocentada y susto, que dárnoslo nos lo dío, Lucía llegó a casa el día 5 como regalo de Reyes, tras cinco días de sofocón.

Dos nuevas alegrías, que contagiaban a los adultos de ilusión, y así pasaron 2005 y 2006, porque en 2.007, llegaría la ilusión, con tan solo un mes, Blanquita participó en su primera celebración, y es que nació un 24 de noviembre día de Santa Flora, hermana de mi abuelo Manolo, que junto a mi madre fue quién la apadrinó.

Pero no tardaría en haber nuevas noticias, pues esas navidades, Sandra, entre fatigas y barrigón, gestaba a Gerardito, el primer sobrino que he tenido yo. No os voy a negar, que sentir que vas a ser tía es una gran ilusión, una nueva sensación, un nuevo orgullo, invadió mi corazón.  Aunque con cierta pena, porque mi prima Marichón sufrió el perder su primer bebé, y se nos partió nuestra primera ilusión.

Las navidades de 2.008, contaban ya con cuatro bisnietos, Ana, Lucía, Blanquita y Gerardón, y algo se gestaba en la barriguita de Marichón, se llamaría Martita, y llegaría el primer día del año, para que nadie diga que su cumpleaños se le olvidó, y disfrutaría los Reyes con su familia de celebración, doble celebración la de entonces, doble nacimiento en esta ocasión la del Niño Jesús que nos protege y la de Martita que a todos nos alegró, y la quisimos desde el primer día, y poco a poco a todos nos cautivó.

Y así llegamos a 2.009, con una nueva ocasión, una nueva vida se gestaba, y poco tardó, se encajó el día de mi cumpleaños, para que ya fueramos dos las que celebraramos el aniversario navideño de haber venido a este mundo, eso sí nos separan 37 años de evolución. Recuerdo la tarde en la que fuimos a verla, al hospital, que bonita que preciosidad, la niña es dibujada, comentábamos al bajar, y la gordi poco a poco, se fue convirtiendo en la marchosa de la familia, en Miss Simpatía, bailarina y terremoto, o a caso que esperábais de un capricornio de diciembre? Os puedo asegurar Manolo y Chara que la marcha está asegurada.

Martita y Mar las más pequeñitas, que cumplen los añitos en la Navidad, que se unen a Lucía, a mi cumple y al de mi suegra, y por supuesto al de mi cuña, que ha sido la encargada, de que este año vuelva a reinar otra barriga engordá.

Y así llegamos a este año, con una alegría muy especial, una alegría que hacía muchos años que no tenía, que hacía muchos años  que la deseaba alcanzar, y es esa alegría que los más pequeños te ofrecen en estas fiestas de Navidad, ya estoy deseando que llegue el día en el que nos vamos a juntar, en la cena, en el almuerzo y a la hora de merendar, para poder disfrutar de estos ángeles que nuestra vida consiguen arreglar, que curan las heridas, las rencillas y la vanidad, porque es bonito  hacerse como niños, y recibir a Jesús en Navidad.

Aunque, como ya he dicho, otra ilusión nos viene de camino, y el año que viene estará, será un nuevo sobrino, o una nueva sobrina, eso del cielo dependerá, esperaremos hasta junio, que será cuando nacerá, y el próximo año, si Dios quiere, el abuelo tendrá, siete biznietos y siete nietos, y la cosa de momento parece que va a aumentar, pues aún nos queda Rosita, que digo yo que algo tendrá que aportar.

Por todas estas razones, y otras que no me sale contar, pues se me saltan las lágrimas y no quiero hoy llorar, me siento muy contenta de vivir esta Navidad, en compañía de mi abuelo, que es toda una suerte poderlo disfrutar a sus casi noventa y seis años, de nuevo en Navidad.

Que os quiero a todos mucho, no os lo voy a negar, y que sigamos reuniéndonos muchos años al llegar la Navidad, y que me acuerdo de los de Cartagena, que este año no estarán, y por supuesto de los que ya cumplieron y se nos fueron ya, que seguro que con mi ángel y con nosotros a la paz desde el cielo están compartiendo con nosotros esta Navidad.

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Un comentario en “38 Años de Navidad

  1. Amiga, te deseo una feliz Navidad, aunque ya te dejé mi mensaje en el muro de FB anoche. Además te deseo un muy, muy feliz cumple para mañana. Tengo a toda la familia a comer, y creo que me será casi imposible llamarte, pero ya sabes que estarás en mi recuerdo y en mis oraciones, especialmente ese día.
    Para el año nuevo, espero que ya hayamos hablado, pero por si no lo hacemos, ya sabes que te deseo todo lo mejor.
    Un beso a las niñas y a Antonio, padres, etc, etc, y para ti otro muy, muy grande y especial. Muaka.

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