38 Navidades casi nada.


Queridos amigos:

A la misma hora que se publica este post, nací yo hace ya 38 años, parece mentira, pero los años pasan que ni te enteras, menos mal que nuestros niños se encargan en recordarnos que han pasado, 10, seis o tres años, como es mi caso, desde la última vez que tuve la responsabilidad de traer una criatura al mundo.

Decir a estas alturas, que soy supernerviosa e hiperactiva, creo que no es nada nuevo, decir que con mis hijas me convierto en una niña más, tampoco, así que creo que como la mayoría sabe muy bien como soy, mejor no digo nada, todo sigue igual, sigo siendo la misma con mis defectos y con mis virtudes, con mis altas capacidades para hacer cosas, a la vez que para destruirlas, con esa continua lucha en seguir el camino recto, aunque en la mayoría de las veces, parezca que estoy haciendo esa prueba de la bola que te ponen en el reconocimiento médico de la renovación del permiso de conducir, y que cuando pisas la línea te pita, a mí ya me ha pitado tanto, que añoro cuando no me pita, creo que ese silencio, me genera ansiedad.

Se que me moriré cuando Dios quiera, eso sí, aprendiendo como los malos estudiantes, pero disfrutando al máximo de las cosas buenas que Dios ha puesto en mis manos, sonriendo cuando veo a alguien sonreir y llorando cuando veo algo injusto o alguien que llora, con miedo pero a la vez echando valor, con incertidumbre pero siempre pareciendo segura, el yin y el yan, forman parte de mi, y sigo buscando ese bendito equilibrio del que mi madre tanto me habló en mi niñez, algunas veces siento tenerlo, pero cuando noto que lo tengo lo vuelvo a perder, ¿será para que no me confíe?

El queso cambia de sitio, y lo hace  no sólo en el trabajo, o en las teorías de los cursos de postgrado, el caso cambia de sitio en cualquier aspecto de la vida, lo hace cuando te enfrentas a ser madre por primera vez, lo haces cada vez que tienes un hijo, lo haces cuando te casas, en la convivencia junto a esa persona que Dios puso a tu lado, lo haces en el día a día del trabajo, el queso cambia a diario en la vida cotidiana.

Y los años, poco a poco, se van sucediendo, se van agolpando, y te vas dando cuenta, que has vivido mucho, pero que aún te queda mucho por vivir, y sacas de tí a esa Dora la Exploradora que llevas dentro, y buscas más, porque no te conformas, porque quieres más porque sabes que tienes que dar un poco más, sobre todo a nivel espiritual, y te das cuenta que aún es largo el camino, aunque pensaras que en 38 años ya has corrido mucho.

38 años y 17 al lado del mejor hombre del mundo, y tan solo tres siendo madre de familia numerosa, por los pelos pero numerosa. Hoy estoy especialmente contenta, estar rodeada de mi familia me hace sentir muy, pero que muy feliz, a un lado han quedado los pequeños roces, han quedado esas situaciones en las que te miras el ombligo y sientes una enorme pena de ti, para dar paso a la armonía, a la alegría de ver la casa llena de niños, de sobrinos, primos, padres, tíos, hermanos, cuñados y suegra, y por supuesto de tus hijas. Ese es el milagro de la Navidad, la mejor excusa que existe para compartir, compartir tu tiempo, tu cariño, tu servicio a los demás, preparando lo mejor que tienes, ya sea poco o mucho, y disfrutando, cantando villancicos, y viendo a los más pequeños disfrutar, porque ellos tienen una clara misión estos días, recordarnos a todos el verdadero significado de esta fiesta tan especial, y para acabar, tan solo deciros que me siento una afortunada por haber nacido en Navidad.

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