Cuidame que yo te ayudo


Queridos amigos:

Me llama la atención y cada vez más, la gran influencia que ejercen nuestros hijos sobre nuestra forma de ser, sobre nuestra personalidad, y como el ser padres se puede convertir en una aventura impresionante, aunque a veces agotadora, que te enseña mucho más de lo que hayas aprendido antes.

Hace dos o tres días, dejé a mis hijas con mis padres para irme a trabajar a la oficina, al volver como siempre, papá ejerciendo de abuelo, se las había llevado de paseo, y les  había comprado ese juguetillo que los niños piden, sobre todo la mayoría de las veces para probar nuestra paciencia, pero que realmente el interés es comprame algo para ver si me lo compras.

Al día siguiente, Ana en el colegio, cambió ese juguete por tres iguales, la verdad que la chica es más lista que la madre, yo en mi época los habría regalado y habría llegado sin ninguno, porque alguna niña me habría dado pena o algo así. De esta forma, Ana tenía 3 juguetes y Lucía uno, pasó el día y hasta por la noche no las ví, pues últimamente tengo tantísimo trabajo que el tiempo es efímero.

Al llegar la noche Lucía, estaba triste pues su hermana tenía tres y ella solo uno, así que hablé con las dos.

En primer lugar le dije a Ana, que no me parecía bien que hubiera cambiado el juguete por tres, aunque hubiera salido ganando con el cambio, pues el valor no es lo importante, y sin embargo si lo son los detalles, así que le dí la vuelta a la siutación y le pregunté que si le parecía bien que su abuelo hubiera cambiado al día siguiente algo que le hubiera regalado ella, entonces rompió a llorar, y es que muchas veces no nos ponemos en el lugar del otro, estamos muy ocupados en mirarnos a nosotros mismos. La pobre se sentía fatal, e incluso quería ir a volver a cambiar los tres juguetes por el juguete original, también le dije que las acciones tenían consecuencias, y que asumiera las de su acción y que ahora no debía ir a cambiar el juguete, que aprendiera la lección, y pensara las cosas dos veces otra vez. Pero aún quedaban dos cosas más que resolver, la primera hacer ver a Lucía que aunque ella sea super generosa, no todo el mundo lo es, y que tenía que aceptar que su hermana no le quisiera dar otro juguete a ella. Y a la vez hacer ver a Ana que en su lugar Lucía le hubiera dado otro muñequito a ella, para que las dos tuvieran la misma cantidad.

Pasó un buen rato, y Ana vino y se me abrazó, a continuación se fue hacia Lucía y le dio un beso y le regaló un muñequito. Y todo solucionado, otra vez y hasta la siguiente, así son las cosas, y es que si las cuidan ellas te ayudan y se ayudan.

Creo que es muy importante dar valores y fomentar el buen corazón de nuestras hijas, pero a la vez, ellas te enseñan, y te ayudan a ser mejor persona, a darnos cuenta, de que muchas veces es cuestión de tener el corazón como el de los niños pequeños, y no albergar rencores, seguramente todo sería un poco más fácil.

Feliz sábado a todos.

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