Como enseñar a estudiar a tu hija


Recuerdo que tras tener medio encarriladilla a Ana, le tocó a Lucía. No puedo olvidar las palabras de mi madre: “Esta niña es como tú, te vas a enterar de esta no sacas lasca como de la mayor”. He de reconoceros que cuando me dijo esto me dolió en el alma. Hasta ahora siempre había pensado que como era posible haber tenido una hija como Ana, tan responsable, tan educada, tan sensata, tan mayor. Realmente mi madre tenía razón, Lucía (Campanilla) si hacía más honor a su madre, nerviosa, inquieta, hiperactiva, descarada y algo contestona, muy desordenada pero con un gran corazón. Analizando la situación podíamos hablar de mi propio “Miniyo”.

La cosa no pintaba como con Ana, las frases que funcionaban con ella, a mi segunda hija parecían rebelarla, alterarla y sacarla de quicio. De pronto pensé en mi madre, y pensé en mi. Pensé en cuando era una niña pequeña como ella, pensé en mi abuela Anita, en mi Abuelo Quiqui, y por supuesto en mi Abuelo Manolo y mi Abuela Ana, pensé en mis tíos, y pensé en toda mi familia, pero sobre todo pensé en cómo llegué a tener ese inmerecido San Benito que me colgaron desde muy pequeña. Durante muchos años siempre tuve la sensación de ser un estorbo, de hacerlo todo mal y de no valer para nada. Muchos se empeñaban en hacerme ver como si estuviera loca o desequilibrada, y esos eran miembros de mi familia. Pero yo no estaba loca, ni mucho menos, tan sólo pretendía que me quisieran, tan solo quería que me conocieran como yo era de verdad, yo no quería ser ese pequeño monstruo en el que con sus mimos y consentimientos querían convertirme, y con esas regañinas normalmente desacertadas que venían dadas por guardar una imagen de perfección delante de la gente y no generar problemas. Pensé en todo eso, y pensé que mi hija no sufriría esa experiencia, porque iba a hacer todo lo posible por ponerme en su lugar.

Comencé a intentar comprenderla, a aceptarla como era, y a darme cuenta, que Lucía es una niña que necesita fuertemente el contacto con su madre, el cariño y sentir que se la quiera. Su carácter le hace necesitar la aprobación de las personas que ella cree importante, y ahí me paré. ¿Acaso a mi no me pasa lo mismo?¿Acaso yo no necesito constantemente que me digan que soy útil y que se hacer cosas? Sin darme cuenta, me enfrentaba a mí misma convertida en una niña de educación infantil.

Pasó el tiempo y comencé a darme cuenta de que camino había que seguir, era fácil, tan sólo había que ponerse en situación, aunque muchas veces los nervios quisieran hacerme perder la batalla. Ejercer la autoridad es importante, pero desde el cariño, desde el respeto y desde la convicción de que lo que exigimos somos capaces de llevarlo a cabo nosotros mismos, y si no lo somos, lo mejor decir, hija esto a mí me cuesta pero sé que es lo correcto, intenta hacer como mamá que todos los días se propone hacerlo.

Han pasado dos años desde que comenzó este trabajo, hemos llorado, reído, jugado, estudiado, conversado juntas y nuestro lazo se ha estrechado, y el otro día me lo decían en el colegio, Lucía ha madurado mucho, pero no solo se referían a los estudios (que ha traido notazas) sino en su comportamiento en general, pero lo que ella no sabe es que también he madurado yo. Ahora se que soy capaz de enfrentarme de dos formas distintas al mismo problema, y también se que en breve, me enfrentaré de tres formas distintas porque Blanca ya empieza a necesitar ese ratito íntimo con su madre que ahora se tiene que dividir en tres, pero sabiendo hasta donde puedo llegar y que es lo que puedo dar de mí.

Lucía me ha llenado de virtudes mi vida y me ha ayudado a quitar más de un complejo que venían de antiguo, y es que si tu quieres tu puedes ¿verdad?

Por eso, este post de hoy se lo quiero dedicar a ella, me siento muy orgullosa de la familia que tengo, y creo, que aunque de pequeña no jugara con muñecas, y me gustara más el fútbol y el juego del matar, que he descubierto uno de mis dones, ser mamá. Gracias Lucía por hacerme ver que yo también puedo, no solo tú y desde ahora, a seguir intentándolo campeona que solo lo consiguen los que lo intentan.

Para finalizar, un consejo, aunque dejo claro que no soy nadie para darlos, disfrutad a tope con vuestros hijos, entregaros de corazón, no pongáis de pantalla al televisor y a internet, no os perdáis lo mejor que la vida nos da.

Buenas madrugadas.

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