El ojo de buey


Queridos amigos:

Que día llevamos, emociones a flor de piel, tristeza que da paso a la rabia, para después volver a pensar en la esperanza. Con el alma en una montaña rusa mientras ves como el ser más importante para tí, quien te ha dado la vida se debate en una cama de la UCI entre la vida y la muerte.


Recuerdos, muchos, amargura de lo que no hicistes bien, remordimientos, admiración, cariño, impotencia, risas, buenos momentos, lágrimas, una vida entera pasa ante tus ojos desde el archivo del disco duro de tu mente impulsado por el corazón. Y las horas de espera se hacen eternas, y cuentas una y otra vez lo mismo, pero a personas diferentes, de todas partes, que te muestran su apoyo, su cariño y te arropan y que te dan fuerzas para seguir luchando, y al final de la tarde, ocurre. Un pequeño rayito de luz se cuela por el portón negro y oscuro de la incertidumbre, tras pasar el umbral de la UCI, allí está ella, y no respira con una máquina, lo está haciendo sola, lo está haciendo ayudada con una mascarilla de oxígeno, lo demás sigue igual, drenajes, sondas, goteros,  monitores, pero ya respira ella misma, en tan sólo 48 horas, con un organismo invadido por el cruel demonio del cáncer, se impone la vida, se imponen las ganas de vivir, y la miras, hinchada y con la mirada perdida, pero queriendo abrir más los ojos que aún tan sólo alcanzan a mantenerse entornados, y quiere intentar hablar, y te emocionas, y sales feliz a anunciarles a todos los demás que tenemos algo de lo que alegrarnos, aunque en el fondo sepamos el pronóstico, sepamos que esto es una alegría temporal o a lo mejor no, para Dios quererlo no hay nada imposible. ¿Acaso Jesús no salvó a Lázaro de la muerte? La Fé, es lo último que debe perderse, aunque he de reconoceros que esta mañana daba por perdida totalmente la partida. Tras eso, una visita importante, necesitaba darle las gracias a alguien, y me fui al oratorio, y entré desde la puerta mirando esa pequeña talla de la Virgen con el Niño Jesús en sus brazos y le dije, gracias, gracias, gracias, y mil gracias. Después le pedí, le pedí un milagro, le pedí que le diera lo que más desea mi madre, vivir, simplemente eso, vivir un poco más.

Cuando nos planteamos la eutanasia, el aborto, y tantas otras cosas, se impone el amor a la vida, a esa vida que Dios nos regala y que por desgracia no sabemos muchas veces valorar lo suficiente.

Hoy mi madre nos ha dado un ejemplo a todos, y nos ha dado una gran lección, hasta en los momentos difíciles no hay que tirar la toalla, hay que ser valientes, y ella es una Agustina de Aragón, ahora espero que en la “Planta de Arriba” tengan en cuenta esta valentía y decidan echar una buena mano para que su lucha no sea en valde.

Y para terminar, va por tí mami, porque tu si que eres una campeona:

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