Rompiendo barreras


Me gusta esta foto, dice mucho y sobre todo de la historia de la mujer. Rompiendo barreras y atacando a ese techo de cristal que se nos coloca mucha veces sobre nuestras cabezas y que más que un techo puede llegar a ser una pesada lápida dependiendo de qué tipo de situaciones.

Tiene que ser una sensación especial poder llegar ahí arriba a lo más alto y poder acariciar las nubes con las yemas de los dedos, no cabe la menor duda. ¿Pero qué es exactamente llegar a lo más alto?

Creo que es una buena pregunta para reflexionarla y contestar. Seguro que preguntamos a 20 mujeres al azar y habría para todos los gustos. Quizás primero nos tendríamos que preguntar hacia donde queremos caminar y donde queremos llegar. Esa sería la primera.

La segunda, si la meta es accesible, aunque requiera de un gran esfuerzo o si  por el contrario, nuestra ensoñación nos está haciendo caer en la trampa de morir en el intento.

Y así llegaríamos al tercer escalón, el desarrollo de una estrategia, un sistema de trabajo que nos ayude y simplifique la tarea de conseguirlo.

Y ahí estamos, nacimos así con la capacidad de dar la vida, con la capacidad de multiplicarnos, con la capacidad de sufrir, y con la capacidad de amar, y sin embargo, no sabemos vendernos, no sabemos optimizarnos, y al final te conviertes en una mujer orquesta, que no puede parar de dar a algún instrumento porque sí no, la melodía, comenzaría a desafinarse, y pasan los días y los días, y cuando más contenta estás recibes un nuevo revés, igual que al contrario, cuando más triste, más hundida te sientes, recibes ese rayito de luz que te saca la sonrisa en el rostro y te da energías para seguir adelante, así de simple y así de complicado.

Así somos las mujeres, y nos cuesta trabajo aprender , de hecho creo que ahora estamos casi como en la Edad Media, donde hacíamos prácticamente de todo. Nos engañaron, nos timaron cuando nos dijeron que estudiaramos y que ocuparamos puestos importantes, cuando nos vendieron la moto de que a través del estudio mejoraríamos nuestro estatus social. Efectivamente, se mejora pero a que precio: separaciones, divorcios, hijos con problemas, falta de atención, familias rotas, falta de comunicación, y así un largo etcétera.  La generación del egoísmo y del pie en el cuello, y al final en casa, vacías superficiales, sin vida, sin calor de hogar. También están las que se dedican a hacer equilibrismos buscando conciliar esas facetas de la vida, trabajo-familia-pareja, todo un complicado rompecabeza. Por eso, y aunque a mi amiga Ana no le guste este post de hoy, tengo que decir que me toca los ovarios la maldita palabra: género, o dicho de otra forma: igualdad.

Vivimos en una sociedad, donde el género es una utopía, donde las mujeres se dan de bruces para ser magníficas en la cama, madres amantísimas, excelentes profesionales, mantener la figura, preparar el almuerzo, limpiar la casa y escuchar los problemas de todos y cada uno de los miembros que componen tu familia, pero cuando te toca a tí, vives en muchos momentos esa soledad que no te gusta, y te sientes sola, muy sola, hasta que de repente alguien te lanza una sonrisa, y entonces te ríes y te aferras a ese momento para hacerlo eterno y te das cuenta que eres humana, que no eres ninguna heroína, ni ninguna diosa. Que simplemente eres una mujer que madura y que intenta repartir sus cargas lo mejor que puedes, para llevar tu amor, tu inteligencia y tu compañía a todos aquellos que te quieren y te necesitan. Así que nadie me hable de género, sino hablenme de genio, de lucha, de afán de superación, de amor, de cariño, de trabajo y tantas y tantas cosas que una mujer es capaz de dar a esta sociedad.

Vaya este post de pequeño homenaje a todas las mujeres que me leen y a aquellas que no me han leído pero que quizás algún día por casualidad visiten este humilde blog, y a ciertos políticos decirles, que con un sueldo de 6.000 euros al mes es muy fácil hablar de género, ya que te permites una muchacha, y gente que trabaje para tí para sacar más tiempo para los tuyos, pero con un sueldo mileurista o inferior, tiene un gran mérito esa madre que se levanta a las seis de la mañana para hacer una tortilla para la excursión de su hijo, o que se queda hasta las doce de la noche aunque esté muerta de sueño escuchando algún problema o simplemente preguntado una lección, esas sí son mujeres reales que a las políticas en materia de géneros les pueden dar más de una lección.

BUENAS NOCHES.

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