Como enseñar a estudiar a tu hij@


Acabamos de zambullirnos en el nuevo curso escolar y aún estamos recuperándonos del gasto horrible del mes de septiembre, libros, uniformes, material escolar, calzado, ropa de abrigo, academias, actividades extraescolares, y un largo etc…

La vorágine de la vuelta al cole es algo que sacude año tras año a las familias de todo el mundo, o al menos del mundo civilizado porque por desgracia muchos pequeños aún no pueden acceder a la educación. Aunque no me centraré este tema que seguro que tendría mucho jugo para otro post  al que más adelante prometo dedicarle el tiempo merecido.

Este septiembre que ya casi se nos despide está muy salpicado por polémicas y huelgas, horas laborales, recortes, PP y PSOE, sindicatos se encuentran enzarzados en una polémica sobre el calendario laboral y las horas de trabajo de los profesionales de la educación, pero todo esto no nos debe hacer perder el norte de lo verdaderamente importante en este tema: Nuestros Hijos.

¿Acaso el sistema educativo actual está a la altura de lo que ha de ser el futuro del país? ¿Estudian nuestros hijos más que nosotros? ¿Están igual, más o menos preparados? ¿Tiene todo el mundo las mismas oportunidades en educación que hace 36 años cuando yo comenzaba por primera vez mis tareas estudiantiles? ¿Se han perdido derecho para los estudiantes?

Mi respuesta en todos los casos, y siempre desde mi modesta opinión es que sí. Aunque no todo ha sido malo. Algunas cosas si han mejorado no lo vamos a negar, y no soy de las que por sus ideales critica todo por sistema, si hay algo que está bien hay que reconocerlo y alabarlo venga de donde venga, criticarlo todo por el simple hecho de criticar no es la solución, hay que aportar ideas al sistema, pero claro siempre que el sistema esté receptivo en escucharlas y ponerlas a la práctica.

Y en educación, los padres debíamos de tener la primera palabra, pues nos jugamos el futuro de lo que más queremos, de lo que nos supone nuestro motivo de lucha y esfuerzo diario: Nuestros hijos.

Pero claro, los padres nos encontramos perdidos, desorientados y muchas veces sin medios para hacer frente a las necesidades educativas de nuestros pequeños, sobre todo cuando nos cuesta trabajo ponernos en su lugar y volver a sentirnos niños.

La primera cuestión que debíamos de plantearnos es por qué es necesario estudiar y tener un buen nivel de conocimiento, la respuesta es sencilla, una persona bien formada es más dificil de engañar que a una pobre analfabeta y lo de pobre no va por el nivel económico, pues he conocido a estas alturas de mi vida a muchos analfabetos con importantes cuentas corrientes.

La segunda cuestión sería ver como conseguimos entusiasmar a nuestros pequeños por la práctica de adquirir el conocimiento, algo que no debería ser muy difícil porque el niño es inquieto por naturaleza y curioso aún más, por lo que debería ser fácil incentivar a un pequeño a que realice tareas escolares, aunque a lo mejor la metodología no es la adecuada no lo sé.

No soy profesional de la educación, ni mucho menos, simplemente madre de familia numerosa, y niña hiperactiva convertida ahora en mujer.

Y desde mi experiencia creo que el mayor error que se puede cometer con un hijo es etiquetarlo como (hiperactivo, distraido, flojo, contestón, descarado, difícil, torpe, enfermo, débil) injusto y flaco favor le estamos haciendo a la criatura. Y os lo cuenta la que siempre tiraba el vaso de refresco en las reuniones familiares, la que siempre andaba metida en líos y problemas porque decía lo que pensaba en vez de pensar lo que decía, la que siempre era el foco de cualquier bronca y paso mucho mucho tiempo entre broncas y castigos hasta que llegó a sentirse como un verdadero “estorbo” en la vida de su familia. Esa es mi realidad y la comparto para que muchos y muchas de los que me leeis veáis lo importante que es no colgar etiquetas a nadie.

Ahora me ha tocado jugar en una nueva posición en el juego, desde otro punto , con otra mirada y con una experiencia dentro de la mochila de la edad. Tengo que jugar la partida con tres hijas una de 11, otra de 6 y otra de 3, y cada una con su propio carácter, defectos y virtudes.

Cuando nació Ana recuerdo que me prometí a mi misma que no cometería muchos errores que yo había sufrido en mi, eso no significa que haya tenido malos padres, para nada, he tenido los mejores, pero ellos entonces al igual que yo ahora no tenían un manual para saber como debían conducirse con respecto a la educación de una niña que requería “trabajos especiales”. Una niña afortunada, que ha sabido ir aprendiendo de “esas experiencias” de las que tanto me hablaba mi Abuelo Quiqui y que te hacían aprender y madurar, y que razón tenía.

“Esas experiencias” sobre todo las malas te hacían ver por donde tenía que ir el buen camino, aunque muchas veces aprendiera como el gorila de la teoría del discernimiento con palo y plátano enjaulada en un potencial que no sabía controlar. Y es que a veces queremos estereotipar a nuestros hijos en algo que no son, en algo que queremos que sean y podemos llegar a fustrar sus ilusiones. Algo así como hacerme a mí “calladita y prudente” creo que ni aunque mi madre me volviera a parir de nuevo lo conseguiría, pero sin embargo tenía otras virtudes “noble y generosa” que muchas veces quedaban sepultadas por mi arrolladora e incansable personalidad que me envolvía en rebeldía.

Con todo esto, he dejado de ser jugador a ser entrenadora, pero a la vez sigo siendo jugadora en un partido que no acaba nunca y que es para siempre, la educación de las personas que mas quieres en el mundo: Los hijos. En mi caso, mis hijas.

Pero esta sociedad, el estress, y ese horizonte de actividades te hace vivir muchas veces en permanente estado de ansiedad y se nos olvida lo básico, lo realmente importante, la familia, el verdadero concepto de núcleo. Ese lugar donde todos parten de un denominador común un apellido, una genética, y donde todos aprenden de todos, donde todos se alegran con todos, donde todos lloran con todos, donde todos trabajan bajo un mismo fin salir adelante, y unir sinergias, fortalezas y unirse ante las adversidades. Para mi ese es el verdadero concepto de familia, y eso es por lo que lucho día a día.

Una lucha en la que hay unas reglas en juego como son el respeto, la caridad y el perdón, la admiración, el cariño y el esfuerzo de todos para el bien común de todos.

Pero esta teoría hay que llevarla a la práctica, y una familia, al igual que una empresa ha de tener una organización, unas reglas, “nuestras propias reglas” y no tienen por que ser idénticas a las de todas las familias, son reglas de “la república independiente de mi casa” eso sí basada en el respeto y en el amor por los demás.

Hay que estudiar cada minuto, sobre todo cuando en casa papá y mamá trabajan a turno partido, y hay que sacar tiempo para las peques para ayudarlas a que se conviertan en adultos seguros y fuertes, y en personas de valores.

Muchas vece he escuchado que es más importante la calidad del tiempo que la cantidad, y es algo que puedo compartir a medias, un niño de menos de cuatro años no entiende de calidad sino de cantidad y entiendo que quiere pasar el mayor tiempo posible con sus padres sobre todo con su madre.

Y ahí comienzan las primeras rutinas, de los 2 a los 4 años el niño empieza a darse cuenta que no es “uno solo con su madre” sino que es un ser individual y ahí comienzan las rabietas, esas tan típicas que todos hemos sufrido alguna, varias o muchas veces que no son otra cosa que querer imponer su criterio ante una situación totalmente novedosa. Comienza ahí nuestra primera lección, hemos de tener claro que objetivos queremos conseguir con nuestros hijos y marcarnos una estrategia, no vale decir es que es muy pequeño ya crecera. Es un buen momento para irles sentando a hacer pequeñas tareas: pinturas de dedo, punzones, recortar con tijeras escolares, leer, puzzles, construcciones, que irán marcando al peque de la casa una pequeña rutina y que nos ayudará en su comienzo escolar.

Grandes enemigos son la televisión, internet y los videojuegos que hacen que lo más importante en la familia, la comunicación se rompa y la comunicación es el arma más efectiva en las buenas relaciones entre las personas. Es por lo que estas herramientas de ocio las utilizaremos lo menos posible o como un premio para los pequeños.

Con 15-20 minutos diarios, a la misma hora, conseguiremos que nuestro peque se entusiasme poco a poco por sus tareas y por su aprendizaje temprano, y sirve para todos los niños. Ese tiempo se puede ir aumentando poco a poco hasta llegar a los 40 minutos a medida que veamos que nuestro pequeño vaya madurando, pero como todo en la vida la constancia ha de ser nuestra principal aliada, y es simple ¿no conseguimos que vayan solos al baño, que se limpien la boca con una servilleta, que se bañen a diario?¿Por qué no conseguir fomentarles la cultura del saber motivarles esa curiosidad intrínseca y propia en esas edades?

Si conseguimos esto, tendremos mucho ganado, y cuando nuestro hijo o hija tenga 5-6 años tendremos un peque en disposición de dar el siguiente paso, inciarse en el estudio.

Soy totalmente defensora de las tareas de casa, pues crean hábito de trabajo en el individuo, pero en su justa medida y en función de las necesidades del peque que tenemos delante y sus puntos débiles y fuertes. Habrá niños que necesitarán más tiempo para adquirir el conocimiento lógico-matemático, otros sin embargo necesitarán trabajar más la atención, otros la lectura, y es que cada uno tiene sus propias virtudes y tenemos que contar con eso, nunca debemos olvidarlo.

Así, animaremos a nuestro hij@ a que hay que superar obstáculos y lo reforzaremos cuando lo consigan, pequeños objetivos seguidos y continuados de forma que la autoestima del pequeño vaya creciendo y poco a poco vaya desenvolviéndose solo.

Y no hay más, cariño, esfuerzo y constancia y por supuesto tiempo y generosidad, generosidad por trabajar en lo verdaderamente importante: LA FAMILIA.

2 comentarios en “Como enseñar a estudiar a tu hij@

  1. Hola Pablo:

    Buenas noches, en primer lugar darte las gracias por leer y seguir mi blog. En segundo lugar darte las gracias por tu testimonio y experiencia que me acercan más a la realidad pues yo tengo 39 y parece que no pero el tiempo hace mella y muchas veces al asumir el rol de padres olvidamos que también pasamos por determinados momentos. En cuánto a tus ganas de aprender, aprovechalas y saca todo el jugo que pueda y recuerda que el que no lo intenta no lo consigue o lo que es lo mismo el que lo intenta acaba consiguiendolo. Gracias de todo corazón por seguir y comentar en mi blog. Un saludo.

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  2. Muy buenas tardes,llevo un par de meses leyendo este blog,desde que lo encontre basicamente jeje. En primer lugar me gustaria presentarme,soy Pablo un chabal de 16 años de Asturias.Coincido con muchos de tus ideales (politica,valores,importancia por la familia,etc.) con lo cual he decidido dejarte un comentario contandote mi experiencia en la educación,que quizás te ayude :

    En el colegio no tienes porque tener miedo,el nivel es bastante facil de seguir y el compañerismo y ayuda de los profesores hace el resto,pero claro eso lo se ahora.

    Cuando pasas al instituto ya es mas complicado,la adolescencia hace estragos en la concentracion y la resposabilidad,yo no he repetido ningun curso pero siempre me he llevado asignaturas para los extraordinarios de septiembre.yo me considero un “hombre” logico y de antiguos valores y nunca he seguido demasiado las modas ni me he dejado influenciar con respecto al tabaco o a las drogas, y por lo que he podido leer esas educando a tus hijas en unos valores que para mi son muy correctos,asi que tu hija mayor en teoria no tendria que tener problemas en años futuros.

    Pero a lo que iba esque este año,al entrar en bachiller me han entrado esas ganas de aprender y centrar un poco mi vida,cierto es que aspiro a ser una persona culta,con un minimo de cultura y saber estar y esto probablemente influya en algo,pero a tus hijas a lo mejor les qued algo lejos todo esto …

    Un saludo,cuidate.

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