Brave: Una hija rebelde


Esta tarde he ido a ver el estreno de verano de Pixar, “Brave”, la historia de una princesa escocesa de corazón noble y de gran rebeldía, y no he podido evitar sentirme muy identificada con el personaje, no porque me sienta una princesa o de sangre azul, sino por su rebeldía y sus discrepancias con su madre, tradicional y estereotipada.

Brave significa valiente, y creo que muchas veces mi valentía ha llegado a rozar la temeridad. ¿Cómo una madre tan ajustada a las normas, tan recta, que sabe comportarse tan perfectísimamente, siendo la mejor esposa, la mejor anfitriona puede lidiar con una hija rebelde? Pues así es, y así me he visto hoy, como la princesa pelirroja del cuento.

Desde que nací siempre he chocado con mi madre, no he sido ni mucho menos lo que ella esperaba de mí. Ella esperaba una hija tranquila, modosita, educada, paciente, ordenada, organizada, responsable, cautelosa, y sin embargo le salió una rebelde sin causa, o con causa, no lo sé. Una niña que soñaba con ser misionera algún día, o ayudar a los demás, con gran sentido de la justicia e incapaz de callar ante las cosas mal hechas, sin mano izquierda alguna, y con el corazón siempre en primer lugar que la cabeza.

Así durante casi cuarenta años me he ido forjando a base de palos, desencuentros y sufrimientos por una impulsividad incontrolada y una vitalidad que agota al más fuerte.

Pero todo cambió cuando fui madre, cuando llegó el momento de jugar el rol que durante 27 años había desempeñado mi madre, esa madre a la que no he podido abrazar todo lo que me hubiera gustado, y no porque yo fuera orgullosa, ni soberbia, sino porque ella no se dejaba.

Mientras ella quería de mí que fuera la hija perfecta, yo me afanaba en llamar su atención para que me quisiera más, tan sólo una vez me ha dicho estoy orgullosa de ti, y fue el pasado año cuando se estaba muriendo en la UCI, yo sin embargo se lo digo a mis hijas prácticamente a diario. La autoestima es algo importante y la comunicación más aún, si las cosas se hacen mal hay que decirlas y comentarlas para poner soluciones, pero si las cosas se hacen bien también hay que decirlo para que esa pequeña personita se sienta reconfortada y sienta la satisfacción del trabajo bien hecho.

La reina quería un princesa sosegada y tranquila, sin embargo tuvo a una arquera valiente y rebelde. Y para que se entendieran, para que desapareciera el sufrimiento, tuvieron que aceptarse las dos, quererse tal y como eran, y eso ocurrió cuando llegó el más grave de los peligros, cuando ambas sintieron que se podrían perder para siempre.

Ese sentimiento también lo he tenido yo, sobre todo en el último año, ese miedo a no tenerla más conmigo, porque ya si, ahora si he aprendido a quererla como es, a entender que no era falta de cariño sino incapacidad para expresarlo aunque por dentro estuviera deseando de hacerlo. Quizás esas emociones contenidas buenas y malas, quien sabe, igual han sido la causa de esa maldita enfermedad llamada cáncer, o igual esa maldita enfermedad haya contribuido a que se exprese un poco más, a que hable de sus cosas, a que se desahogue con nosotros a que algunas veces, ahora,diga que guapa estás, o que bien educada están mis nietas, sigue así.

Como todas las pelis de Disney, esta tiene un mensaje, la familia es lo más importante, y la comunicación y el respeto son la base en una relación. Y no puedo deciros más, las lágrimas me nublan los ojos, tan sólo que vayáis a verla, merece la pena.

Buenas noches.

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