La sandalia de Blanquita


En casa rara es la semana que no hay alguna anécdota que contar, la última trastada ocurrió este domingo. Tras tres días de limpieza al volver del campo, el domingo tocó zafarrancho en el cuarto de Lucía y Blanca, que hacen honor a la genética materna y son extremadamente desordenadas, al igual que con su edad lo era yo también.

A primera hora de la mañana tocó organización de dormitorios y por la tarde lavar las lonetas de verano, porque algunas ya no se sabía muy bien su color inicial y es que mis hijas parece que andan con el empeine en vez de con la suela de los zapatos.

A las siete de la tarde y con el dormitorio reluciente pendiente tan solo de la revista del mayordomo de la tele y su algodón, me dispuse a darme una ducha para ir a misa. Nos pusimos todos en marcha para estar a las 20:30 en la iglesia del Carmen, porque me encantan las misas del Padre Manosalvas.

Las dos peques que son unas presumidas de armas tomar optaron por un “vestido arregladito”, es decir, uno de punto inglés de toda la vida, y cuando acabé de peinarlas, colocar moñas y esas cosas, las mandé por los zapatos. Y ahí comenzó la aventura, las lonetas aún no se habían secado, así que les dije que se pusieran las sandalias de vestir. Todas vinieron dispuestas a marcharnos, pero Blanca no venía y cuando la llamé apareció con la cara triste.

Mami solo hay una me dijo.

A lo que le contesté: ¡Ya te puedes ir a buscar la otra, que te acabo de arreglar el cuarto y ya lo estás desarmando!

Mami, que no que no está.

Así que todos nos pusimos a buscar por toda la casa, miramos debajo de sofás, mesas, armarios, librerías, muebles del baño, por mirar miré hasta dentro de los armarios  y debajo de los colchones por si la habían escondido por ahí. el tiempo pasaba y ya no llegabamos a misa del Carmen, así que seguimos buscando pensando que podríamos ir a San Francisco, os podéis imaginar mi monumental cabreo que iba creciendo por instantes.

Hasta que no pudo más y confesó, mami no están porque las he tirado a la basura, ¿queeeeeeeeeeeeee? le dije,¿que has hecho que?

Pero hija ¿estás tonta? ¿como has tirado una sandalia nueva? Mami es que la tira plateada estaba estropeada y la he tirado a la basura, en ese momento o me calma mi marido o la mato, así que no pude ir a misa  y tuve que quedarme en casa, porque tenia dos opciones o bien ponerle las lonetas mojadas aún o que estrenara los mocasines que el día anterior había comprado para el cole.

Lo mejor del todo vino cuando ayer le conté la travesura a mi madre y le hizo mucha gracia, será por eso de ser abuela, porque a mí seguro que me hubiera partido la zapatilla en la cabeza si lo hubiera hecho yo.

En fin, cosas de niños, pero ahora me encuentro con que tengo que ir a comprar unos zapatos para un mes y medio que quedará de calor, sin mencionar que a Lucía que parece que se estira los pies por la noche se le han quedado las lonetas y las sandalias pequeñas, y como no tuvo que ocurrir en el mes con más gastos del año, septiembre y su vuelta al cole.

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