Casi cuarentañera


Ayer por la noche, me paré a pensar en los pocos días que quedan para que cumpla cuarenta años. Y comencé a pensar en el paso del tiempo, en la de canas que me han salido y que por falta de tiempo no he podido volver a cubrir con el tinte, que suelo darme todos los meses.

Noviembre y lo que llevamos de diciembre han sido meses de intenso trabajo, de cosas importantes que  no han dejado tiempo para una sesión de coquetería femenina en la peluquería. De vez en cuando, las mujeres necesitamos sentirnos bellas, guapas, y gustarnos a nosotras mismas, y es ese momento en el que te miras al espejo, y ves arrugas de expresión, canas y la continua lucha con mantener un peso más o menos ideal.

Todo requiere su tiempo, su cuidado y dedicación y cada etapa necesita una adaptación distinta. No es lo mismo vivir ese momento en el que tus  hijos son bebés, ni sus primeros cinco años, como tampoco lo es la primera infancia, ni la adolescencia, última fase que acabo de descubrir.

A pesar de considerarme una persona inconformista, no os voy a negar que he llegado a sorprenderme a mi misma con mi capacidad de adaptación. Si hay algo que me encanta es vestirme bien, arreglarme, pintarme, sentirme guapa, aunque últimamente de la sensación de todo lo contrario.

Y ayer pensaba en todo eso, en el concepto de la belleza. Y entonces ocurrió algo, alguien me dijo, tienes tres grandes tesoros, eres una gran madre. Y en ese momento, no me acordé de canas, de arrugas de expresión ni de mis casi cuarenta años. Día a día me entrego al 100% a mis tres hijas, el rol de madre y el rol de mujer trabajadora ocupan el 90% de mi jornada diaria.

Tengo asumido que tiene que ser así, que una madre es un pilar muy importante en el desarrollo de sus hijos, y cuando después se recogen los frutos, que os puedo asegurar que han sido excelentes, una gran satisfacción te recorre y entonces piensas tengo las canas y las arrugas más bonitas del mundo. ¿De qué sirve tener un cutis envidiable, un maquillaje perfecto y un corte de pelo a la última si tus hijos tienen muchísimos problemas y no eres capaz de ayudarles? Lo dicho, prefiero tener dos lunares de pelo blanco en la frente, llegar al trabajo la mayoría de los días sin maquillar por falta de tiempo pero ver a mis hijas crecer felices, seguras de si mismas, y sobre todo verlas que se sienten queridas y apoyadas por su madre.

Eso no significa que a veces no eche de menos una escapadita romántica con mi marido, o salir a tomar unas copas por la noche, pero cuando llegan esas ganas, pienso en ellas, y pienso en el momento que ahora vivo y que tengo que aprovechar al máximo. Cuando sea un poco más mayores, volveré a tener a bien seguro más tiempo para mí, pero ahora, toca compartir, toca enseñar, toca aconsejar, dar ejemplo, mimar, querer y cuidar.

Buenas madrugadas a todos.

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