Ser invisible


Hay días que tengo la sensación de que soy invisible, de que no estoy en el sitio adecuado ni el lugar adecuado. Es más creo que siempre he tenido miedo a sentirme así, y quizás eso haya marcado el desarrollo de mi personalidad. Tener esa necesidad de que te acepten, te quieran, te respeten, te admiren, cuando a los ojos de los demás eres alguien lleno de defectos, atolondrado, incontenible, descarado, e incluso molesto.

Hoy me he sentido invisible, me he sentido pequeña, inútil y sin ningún tipo de interés, y por un momento he estado a punto de hacer lo que siempre he hecho, hacerme notar, explotar y enfadarme mucho y gritar para que los que me han ignorado sepan que estoy aquí. Pero quizás, será la cercanía a los 40 años, no lo sé, o a lo mejor es que ya estoy cansada de luchar por cosas imposibles, he decidido quedarme así, quedarme invisible, y experimentar siendo pequeña. O puede que no sea tan invisible, todo lo contrario, simplemente quizás deslumbre con luz halógena y deba de cambiarme a bombilla de bajo consumo para alumbrar poco a poco.

Si algo tengo claro es que puede que en vez del término invisible deba usar el de camuflaje, a lo mejor comienzo a aprender a mimetizarme con el entorno, y resalto donde tengo que hacerlo, que es en casa. Cada día lo tengo más claro, en casa es donde hay que brillar, es donde hay que darlo todo, porque mi familia es mi mayor proyecto y ese si que necesita todo el tiempo y protagonismo.

Quizás Dios quiera que aprenda a ser un poco más camaleónica, a no ser tan impulsiva, a no ir con el pecho descubierto por la vida mostrando a todos mi corazón.

Ayer di la cara por alguien, mejor dicho por la labor de alguien, en concreto por un profesor de mi hija, al final no sirvió de nada, porque yo seguí pensando lo mismo y los demás seguro que también pensaron igual, así que tiempo perdido en discutir por nada ¿o quizás por algo? Tener un elevado sentido de la justicia te marca mucho y no soy capaz de callarme cuando en mi presencia juzgan a alguien que conozco de mala forma. Sin embargo, también ayer vi como mi hija Ana sufría porque sus compañeros de clase ante una agresión verbal no la defendieron, al contrario se rieron de ella. Es en esos momentos cuando te das cuenta de lo superficial de esta maldita sociedad, tu inculcas valores y recibes a cambio el rechazo en muchas ocasiones del mundo que te rodea.

Si hay algo que llevo peor que ser invisible es ver a mi hija sufrir, y está sufriendo y mucho, parece que la calle es una jungla, pero por otro lado ha de aprender a sobrevivir en ella y a la vez actuar según sus virtudes cristianas. ¿Complicado verdad? Si lo es para mí que tengo “cuasi 40” más lo tiene que ser para una niña de doce años. Aunque ojalá yo con su edad hubiera tenido la templanza y madurez que ella tiene. Tan solo me queda decir: “No se hizo la miel para la boca del asno”.

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