Aprendiendo para enseñar


familias cristianas

El título de la entrada de hoy tiene que ver mucho con la segunda lectura de hoy de la Segunda Carta de San Pablo a Timoteo, que por cierto iba a leerla mi hija Ana, pero debido a que le dio un leve mareo, nada importante gracias a Dios, salí yo por ella. Aplicando esa frase que tanto decía mi madre: “Dios escribe derecho en renglones torcidos” llego a la conclusión de que a bien seguro, Dios tendría un motivo para que yo en el día de hoy leyera con mucha atención esa lectura, y qué mejor forma que leerla para todos los hermanos y hermanas que nos congregamos los domingos a las ocho de la tarde alrededor de la mesa del Señor.

2 lectura carta san pablo timoteo

Y el mensaje, al menos para mí ha sido claro, como madre y como persona, hay que seguir el camino marcado por Dios, hay que confiar en que sus designios siempre son buenos para nosotros, y debemos recordarlo todos los días, todas las veces que podamos.

Desde pequeña he vivido un ambiente cristiano, he tenido unos padres creyentes y una madre muy religiosa y practicante, ella me ha enseñado que un cristiano debe dar ejemplo, y que las obras son amores y no buenas razones. Y hoy en su homilia el padre Manosalvas lo ha recalcado, no podemos decir que amamos a Dios, que creemos en Él, que lo queremos muchísimo, si no somos capaces de querer a la persona que tenemos al lado.

La vida es un proceso de aprendizaje y si no sabemos hacer algo, debemos de poner de nuestra parte para lograr aprenderlo, el aprendizaje es algo que nos acompaña desde nuestro nacimiento, desde el primer momento que nuestra vida comienza, tiene lugar nuestro aprendizaje, aprendemos a comunicarnos para comer, cuando estamos tristes, aprendemos a sonreir, a sentarnos, a caminar, a hablar, a montar en bici, a patinar, a cantar, etc, pero también aprendemos, los que hemos tenido la suerte de nacer en una familia cristiana a conocer a Dios, a la persona de Jesús, a nuestra Madre, la Virgen María, las lecturas de la Biblia, los testimonios de los santos y todas esas personas que dan testimonio de Dios, y así, casi sin darnos cuenta nuestro interior se va llenando poco a poco de Dios, y sentimos que nuestra vida no tendría sentido sin Él, pues Él es el verdadero motivo de nuestra existencia, nos dio nuestra vida, nos dio nuestra familia y como un padre bueno, guía nuestros pasos hacia una realidad mejor, pero como todos los hijos, hay veces que queremos experimentar por nuestra cuenta, o que simplemente pensamos que nuestro Padre Bueno no tiene razón con lo que nos pide. Llega ahí el momento del pecado, el momento de alejarse de Dios, del camino marcado, es el abandono del proyecto personal de vida cristiana, y a lo largo de mi vida, han sido algunas las ocasiones en las que me he convertido en ese hijo pródigo que hizo entristecer a su padre, pero que acabó volviendo junto a sus brazos, también he sido como Santo Tomás no teniendo en muchas ocasiones la suficiente fe, o como Pedro cuando he negado a Dios por no aceptar la realidad que estaba viviendo.

Todas estas experiencias, errores, desaciertos, problemas y pecados, han ido forjando mi vida, y creando en mí un nuevo ser, una nueva persona que rejuvenece con los años, el mayor elixir de juventud del alma es la humildad, que es ese serum que te permite volver a renacer y construir con la ayuda de Dios una persona nueva. Pero no solo es necesario humildad, también es necesario la constancia, la perseverancia, y eso se consigue estando cerca de Dios y cultivando nuestra Fe. Pero hay algo más importante aún, las cosas buenas hay que compartirlas, no podemos ser generosos, por eso si yo se que para dibujar un corazón es necesario tener un lápiz y un papel y mover la mano de una forma en concreto para esbozar ese dibujo y la persona de al lado no sabe como hacerlo, debemos ayudarle, porque lo que se nos ha dado gratis hemos de darlo gratis, pero voy a más, si sabes que algo cuesta y eres capaz de simplificarlo, ¿por qué no ayudar a los demás para que puedan beneficiarse de lo que tú has descubierto? ¿Acaso así no ha sido como los grandes científicos nos han ido haciendo la vida más fácil? Entonces, ¿por qué no intentar con un poco de nuestro esfuerzo personal hacer la vida más fácil a los demás? Solo tenemos que empezar a hacerlo con los que tenemos al lado, con nuestros seres más queridos: nuestra familia y nuestros amigos.

Este fin de semana, hemos sido testigos del nacimiento de una nueva familia, la formada por mi prima Rosa y su marido Hermógenes, y hemos rezado por ellos para que Dios les de todo lo que necesiten para construir un bello proyecto familiar basado en el Amor y el Perdón. También he podido ver como mis hijas, poco a poco, van asumiendo esos valores cristianos que intento inculcarles con mis defectos y virtudes y esta mañana les he dicho que me siento muy orgullosa de las tres, de todo lo que poco a poco van consiguiendo, es una gran satisfacción para una madre que personas extrañas vengan a alabar el comportamiento de tus hijas, y eso lejos de aportar una dosis de orgullo y satisfacción me hace ver que hay que seguir trabajando por el camino correcto, por el camino adecuado, y que ese camino correcto necesita de que los guías del trayecto, mi marido y yo, seamos capaces de capear esas situaciones, esos contratiempos que a lo largo de las jornadas del viaje pudieran darse, es por lo que también para nosotros los adultos se hace necesario aprender, y se hace también necesario recordar lo aprendido, y ese recuerdo nos puede llegar muchas veces observando a esos pequeños tesoros llamados hijos.

Por eso el sacramento del matrimonio es tan importante, y la institución de la familia tiene la consideración de pilar fundamental, los padres tenemos la gran obligación de compartir con nuestros hijos todo lo que Dios nos ha enseñado mediante nuestros padres, catequistas, religiosas y sacerdotes, y otras personas que con su testimonio nos ayudan a conocer a Dios y a estar más cerca de Él, pero además hemos de estar en constante aprendizaje, sabiendo que nuestros defectos, y nuestras virtudes servirán de modelo a esos hijos que un día Dios nos regaló para cuidar y educar en la fe que nosotros un día recibimos.

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