Para esta navidad quiero….


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Queridos amigos:

Menos de una semana para que estemos celebrando el nacimiento del Niño Jesús en Nochebuena, y un año más llama la Navidad a nuestra puerta. Eso sí, con importantes cambios, al menos para mí, pues esta Nochebuena no tendré a mi madre en casa, el pasado año fue su última navidad, algo que ya nos lo sospechábamos. Pero no voy a hablar de mi madre, ni de esos sentimientos que de vez en cuando afloran en mi, debido a esas fases de duelo que mi buen amigo Guillermo me insiste en que todos tenemos que pasar, y que yo aún no se definir muy bien en cual de ellas me encuentro.

Lo de esta noche, más que un post o una entrada es una página de mi diario íntimo y personal que quiero compartir con vosotros. Muchos, los asiduos sobre todo, sabéis que he dicho por activa y por pasiva que la Navidad es mi fiesta favorita, y no, no voy a salir ahora con que va a dejar de serlo, todo lo contrario, a mi madre no le gustaría que cambiara en eso, os lo aseguro.

La Navidad, la auténtica Navidad es la que te llena el corazón de sentimientos, alegres y tristes porque no, de cercanías y de ausencias, porque esas personas que han formado parte de ti y que de una forma u otra han marcado tu camino, aún cuando no están, siguen estando en tu corazón, con sus virtudes y sus defectos, con sus buenas acciones y sus errores,  ya que forman parte de tu vida y siempre estarán en nuestros corazones.

La Navidad es un momento muy importante, y es que ser testigos del 2013 aniversario del nacimiento de Jesús es todo un lujazo, pero no podemos olvidar algo importante. El origen de Jesús y en qué condiciones vino al mundo. Dios no eligió a una familia rica para mandar a su hijo, todo lo contrario, su nacimiento no pudo ser más humilde.

Humildad, que palabra tan grande y que pequeños que hemos de ser para adquirirla, y cuánto cuesta bajar la cabeza y reconocer nuestros errores. Y es que aunque tuve muchas diferencias con mi madre, y creo que realmente nunca llegamos a entendernos suficientemente, hay cosas que consiguió grabarme a fuego, como los exámenes de conciencia, que a base de tropezones van sirviendo y son una buena forma de ponernos en la realidad de nuestro yo auténtico, ese que muchas veces escondemos bajo un estereotipo determinado o no, de todo hay por ahí.

Así, que esta mañana, me levanté pensando en las fiestas y como me han cogido de sorpresa, es decir, con las cosas poco preparadas, y mi agobio fue tal que iba de camino al cole mientras conducía pensando, vamos a ver como escribimos la carta a los Reyes este año, como organizamos para hacer la comida de Nochebuena, y otra vez los malditos números, presupuestos, cálculos y otros menesteres que por más que intentaba sumar y sumar, recortar aquí y recortar allá, no ofrecían resultados nada halagüeños y hacía que comenzara el día agobiada, pero,  una hora más tarde, alguien me abría los ojos.

Escuchar como una persona te da un testimonio de su situación, me hizo sentirme egoísta, y me rebelé interiormente, he de reconoceros que me hizo reaccionar. Me sentí superficial, y entonces empecé a pensar, ¿como puedo preocuparme de no poder tener ciertas cosas materiales o poder regalarlas cuando tengo trabajo, salud, un marido al que adoro y que me consta que me quiere, tres hijas estupendas, y un padre maravilloso? Además tengo una bonita casa, una despensa a rebozar y las niñas tienen muchísimos juguetes y de todo tipo de complementos, yo aquí preocupándome por un maldito móvil, y esta mujer diciéndome que no tiene nada ni trabajo, ni dinero y que su familia la tiene que ayudar y que encima su hermano está en su misma situación.

¿Qué clase de persona soy? Pensé, ¿acaso tengo derecho a quejarme tras lo que he escuchado esta mañana? Y la respuesta interior fue un NO TAJANTE.  He de reconocer que el problema ha estado en dejarme llevar por esa expresión de mi amiga Silvia, eso de mirarse el ombligo y no ver más allá. Ella si que sabe, y no se puede ni imaginar todas las cosas que me ha enseñado a mí, desde que tengo el gusto de conocerla, 19 años casi nada.

Hay que aprender a ver la botella medio llena, no medio vacía. ¿Por qué no pensar en todo lo bueno que tenemos en lugar de todo lo malo que podamos tener? ¿Por qué no dar gracias por todas esas cosas buenas? Como dijo el padre Antonio Jesús en una homilía, si hubiera un buzón en el cielo para pedir y otro para dar gracias, seguro que el de peticiones estaría lleno y rebosando y el de los agradecimientos no llegaría ni a la mitad. Y es que es cierto, nos cuesta ser agradecidos, nos cuesta reconocer las cosas buenas y es más fácil siempre criticar que alabar.

Así, que después de tener la cabeza echando humo, tuve claro lo que quiero para esta Navidad, y llegué a la conclusión que para mí no quiero nada. He tenido mi regalo por adelantado, y han sido varios. Por un lado tres personitas llamadas Ana, Lucía y Blanquita, que con sus notas me han hecho la madre más feliz del mundo, en segundo lugar los hombres de mi vida mi padre y mi marido a los que adoro, en tercer lugar mis tíos Manolo y Rosa que en tantas ocasiones son mi pañuelito de agobios y lágrimas y que tanto me ayudan, en cuarto lugar todos mis amigos que siempre están ahí cuando me han hecho falta como una verdadera familia, en quinto lugar tengo trabajo, tengo salud, así que ¿qué más puedo pedir? No se me ocurre nada, de nada, así que este año el presupuesto que tenía para mi regalo de Navidad lo he empleado en algo distinto, más original, la forma y los detalles me vais a permitir que me lo reserve para mí.

Pero lo curioso, es lo que me ha pasado horas más tarde, en la plaza del Carmen, una chiquilla pequeñita, no creo que tuviera ni dos años, se ha venido corriendo hacia mí,  se me ha abrazado, creo que me habría confundido con otra persona, pero lo curioso es que se me quedó abrazada un rato en la pierna y cuando le dije hola guapa, en vez de asustarse o salir llorando o corriendo a buscar a su papá o mamá, se ha quedado mirándome riendo con una preciosa sonrisa, así que muy natural le contesté al padre, que me dio mil explicaciones, a lo mejor es que hoy tenían que regalarme ese abrazo, dentro de unos días es navidad, el padre se ha reído y ha dicho pues tiene usted razón, no hay por ahí campañas para dar abrazos en internet???. Así que ese inocente y tierno abrazo me ha hecho sentir muy bien al recibirlo, aunque haya sido casual.

Por todo esto, os digo que para esta navidad quiero dar gracias por todo lo que tengo, y que muchas veces considero que es poco, y se que a lo mejor algunos pensarán que es poco o que se me ha ido la cabeza por lo que hoy he escrito aquí, pero insisto, esta entrada de hoy es más bien una hoja de diario escrita, como ya os he comentado al comenzar.

Y mis peticiones las quiero hacer para los que no tienen trabajo en estos momentos, para que el Niño Jesús que va a nacer dentro de muy poquito venga con un pan bien grande bajo del brazo y el próximo año, en vez de escuchar me he quedado en paro, se me ha acabado la ayuda, y ese tipo de cosas, escuche, por fin he empezado a trabajar, ya he encontrado trabajo, me han llamado para una sustitución, empiezo a levantar cabeza, ojalá empecemos todos a escuchar eso, y mucha gente vuelva a recuperar la confianza en sí mismos.

Buenas noches a todos, y Feliz Adviento, en unos días os volveré a escribir para desearos Feliz Navidad. 

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