Aprendiendo a ser madre


2013-08-09 22.34.58
Queridas hijas:

El día a día nos regala muchos y bellos momentos si sabemos darnos cuenta de ellos y valorar todo lo que tenemos alrededor, algo que cada día tengo más claro.

Vuestras risas, vuestras ocurrencias, incluso vuestras travesuras ponen todo el instrumental a esta pequeña orquesta llamada familia.

Cada día cuando me voy a dormir le pido a Dios que os cuide, y sobre todo le pido que me permita disfrutar muchísimo de vosotras, y por supuesto de vuestro padre, porque sin él, no se que haría, ya que tiene esa capacidad de aportarme todo aquello en lo que yo me quedo corta, quizás por eso, llevemos ya casi 21 años juntos no lo se. Pero no solo le pido a Dios por la familia sino que le doy las gracias por cada una de vosotras, por la formalidad y constancia de Ana, por el gran corazón y el ímpetu de Lucía, y como no por mi pequeña superviviente a la que muchas veces he dejado para la última con la excusa de que era la más pequeña, su desparpajo, su fuerte carácter y esa forma de expresarse impropia para tener solo seis años. Todas y cada una de vosotras sois mi motivo para que cuando me levanto perezosa de un salto de la cama y empiece un nuevo día, sois ese empuje que me hace en muchas ocasiones controlar mi impulsividad en determinados momentos para así conseguir que no aprendáis de mí mis defectos, sino las virtudes que como persona pueda tener.

Y es que aunque lleve casi 14 años siendo madre, aún ni siquiera he alcanzado la mayoría de edad en esto, y a las pruebas me remito, cuando por fin te crees que tienes dominada una situación, una determinada etapa, llega una etapa nueva que trae nuevas ilusiones pero también nuevos temores, el primero de ellos y no quiero parecer egoísta, es el comenzar a darme cuenta de que algún día volaréis del nido.

Hoy mismo he tenido esa sensación, cuando he recogido a Ana y la he acercado a casa, estaba de espaldas, y me quedé mirándola mientras abría para entrar, y pensé, Dios mío, ya tiene la presencia de toda una mujer, y sin embargo es una niña, para mí mi princesita grande, mi dormilona, mi Bella Durmiente. Se enfrenta a una nueva etapa de cambios, de nuevas emociones, de nuevas ilusiones, y en muchos aspectos veo que se le ha despertado un gran interés por todo lo que ocurre a su alrededor, y es que la adolescencia trae eso, preguntas, cuestiones, dudas, y un punto de rebeldía. Veo como se preocupa por determinados temas de carácter social y como propone soluciones y da bonitas propuestas, de esas que los políticos no quieren saber nada.

Pero no es la única, mi Campanilla, hará su Primera Comunión el 17 de mayo, y aún recuerdo como cercana la ceremonia de la comunión de Ana, y este último año, también ha sido muy importante para ella, y es que a pesar de su desorden, tiene a quien salir y si no que le pregunten a los que me conocieron de pequeña, ha avanzado muchísimo en madurez, y ha empezado a crear una conciencia llena de valores que se ve aumentada por su gran corazón y esos bonitos detalles que para cada uno de nosotros tiene como labor diaria y que brotan en ella de modo espontáneo.

Y por último, y no por ello menos importante, Blanquita, a la peque de la casa la tenemos en ese momento de autodefinición del carácter, lanzando grandes misivas para acaparar la atención del resto de la familia, y es normal, ella también busca su sitio, en esta quinteto musical que es mi familia, y que día a día lucha por sonar lo más afinado posible.

Hay semanas que nos organizamos mejor y otras en las que pienso que mi vida es una auténtico desastre, días en los que saldría corriendo de mi casa buscando el silencio absoluto y días en los que me siento la mujer más feliz del mundo y cargo las pilas para una larga temporada.

Y es que en esto de ser madre, en esto de llevar adelante la educación de unos hijos, junto con una relación de pareja, demostrar el amor a todos, y saber recibir el amor de los demás, es la más difícil de todas las empresas, el proyecto de mayor responsabilidad al que se enfrentan un hombre y una mujer cuando se dan el Sí QUIERO.

Como todas las orquestas cuando todos tocamos coordinados la casa, nuestro hogar, se llena de una dulce melodía, pero cuando los instrumentos van cada uno por su lado, tengo la sensación de que si estuviera encima de un escenario, me habrían llenado ya en más de una ocasión la cara de tomatazos.

Pero si algo tengo claro y os lo repito a las tres hasta la saciedad es que “Quien no lo intenta, no lo consigue” y que más vale intentarlo que quedarse con las dudas del “Y si…”.
Se que hemos pasado momentos duros, que en algunas ocasiones os han obligado a madurar, a tener que haceros más responsables que muchos niños que comparten clase y juegos con vosotras, pero tengo claro que todas estas experiencias os servirán para que el día de mañana seáis mujeres fuertes, ojalá que llena de valores, buenas personas y porqué no, buenas profesionales en lo que decidáis dedicar vuestra ocupación.

Yo solo os pido que comprendáis a esta madre que muchas veces se pasa de protectora, aunque de cara a la galería parezca la más pasota del mundo por no llevar unos estrictos horarios de comidas y sueño con vosotras, ya que muchas veces vienen marcados por los cambios de turno de papá y míos, puede que parezca ser una madre demasiado exigente con vuestros estudios, y quizás los soy, pero a cambio, sabéis las tres que siempre estoy ahí para todo, y que con lo que me gusta salir, me quedo fines y fines de semana en casa para ayudar en todo lo que necesitéis. También he de reconocer que soy muy impulsiva, quizás ese sea el peor de mis defectos, pero solo sabréis lo que se quiere a un hijo cuando vosotras mismas lo experimentéis.

Por todo esto, esta noche de desvelo, quiero deciros a las tres que esta aprendiz de madre os quiere con locura, os adora y se siente muy orgullosa de las tres, porque sois el motivo por el que cada día me levanto con fuerza e ilusión, porque las tres sois lo mejor que me ha pasado en mi vida.

2 comentarios en “Aprendiendo a ser madre

  1. Una entrada genial. Gracias por compartir estos pensamientos de amor de madre. Es precioso ver como maduran los hijos, cada uno con su personalidad. Aunque a mi me daba pena que dejaran de ser niños.
    Ahora yo estoy en la etapa de las confirmaciones.
    Un fuerte abrazo.

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