Febrero, ese mes triste


te echo de menos
Desde hace 15 años, para mí febrero es ese mes triste, ese mes que recuerdo que pude haber tenido una hija más a la que nunca llegué abrazar, pero poco a poco, la vida hace que febrero sea aún más triste, primero fue la marcha de mi abuelo Manolo y ya el día 23 quedó como un recuerdo de aquellos cumpleaños en los que el abuelo se rodeaba todos nosotros y lo pasábamos genial junto a él.

Pero este año será aún más triste, hoy sería tu cumpleaños, 63 años, y te fuiste tan pronto, y lo peor, te fuiste casi sin saber como eras, mejor dicho, sin demostrarlo, te diste a todos, te preocupaste por todos, te preocupaste por ser la mejor ama de casa, la más limpia, la mejor cocinera, pero te perdiste tantas cosas, tantos momentos tontos, tantos juegos, tantos abrazos, tantas caricias, tantos te quieros.

Para mí ha sido muy difícil entenderte, incluso llegué a creer que no me querías, que no te sentías orgullosa de mí, que era culpable de algo, y seguro que habré sido culpable de cosas, pero no de todo. Durante años me machaqué con esto, y no entendía muchas cosas.

Hoy día, llego a la conclusión de que te has ido sacrificandolo todo de tí, para dar, porque tu generosidad hacia los demás ha sido muy grande, tu Fe en Dios como la de los santos de los altares y tu amor tímido y en silencio hacia nosotros no tiene fin.

Este año, no podré darte un beso, ni un abrazo, aunque fuera para escuchar ten cuidado que me lastimas, porque estabas muy frágil debido a esa operación de toráx, ya sabes que siempre fui muy brutota y que siempre me ha costado controlar mi fuerza bruta.

De ti he aprendido muchas cosas, valores, tener fe, pero sobre todo saber que todo es mejorable y que tenemos que intentar día a día ser un poco mejor, también he aprendido a cocinar, sin embargo otras cosas, no he sido capaz de aprenderlas, como esa capacidad tuya para callar, ojalá en algunas ocasiones yo la tuviera, pero también te digo, que ojalá tu hubieras tenido mi capacidad para dar un puñetazo en lo alto de la mesa algunas veces. Mira por donde, siempre fuimos como el Ying y el Yang, pero en el fondo, éramos dos almas que se complementaban, que se querían, aunque muchas veces chocaran.
Has sido un gran ejemplo para mí en muchas cosas, mi madre, mi vida, mi sol, mi ilusión, mi día a día. Te echo de menos, mucho, todos los días me acuerdo de ti, algunos enfadada, otros triste, otros con risas recordando momentos vividos, espero que en el cielo estés bien, y que seas feliz, que hayas encontrado todo lo que buscabas, y espero sobre todo que hayas podido dar ese abrazo a mi ángel que allí arriba está, y que desde allí, no te olvides de todos nosotros.

¡Feliz cumpleaños mamá! Te quiero mucho.

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