Princesas y hadas madrinas


princesas y hadas madrinas

Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en el caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano un azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor.

Con estos versos finales del poema ‘La princesa está triste’ de Rubén Darío, empiezo mi entrada de hoy. Príncipes azules, princesas, hadas madrinas, padres, madres, castillos de ensueño, países lejanos y brujas malvadas, animales animados, seres increíbles, historias de amor, historias donde los valores esos que hoy día están en crisis siempre ganan al lado oscuro, y es que al final, los buenos siempre ganan a los malos, aunque muchas veces haya batallas que duran más de cien años.

La vida no es de color de rosa, pero tampoco es negra, ni es gris. Recuerdo cuando leía todos los cuentos de los hermanos Grimm, cuando empecé a leer a los primeros poetas, estudié a los filósofos y poco a poco, se iba construyendo mi Yo.

Desde hace años leo esos cuentos de princesas, de animales, de chicos y chicas, de familias y de amistad, todos ellos con un mensaje, todos ellos con un valor. Y es que la vida misma es un cuento, y cada capítulo que comenzamos nos enseña una lección, a veces esos capítulos tienen un final feliz, otros acaban con dolor y sabor amargo, pero todos, todos ellos te enseñan algo.

Yo misma me siento la reina de un castillo, pequeño, humilde, más bien un arruinado torreón, por eso de las tres plantas que día a día subo y bajo, de mi torreón marcho a otra torre, también de tres plantas, la torre de mi trabajo, y mientras sueño todo el día con mis princesas. La princesa corazón que es Lucía, que nos inunda de amor todos los días con sus detalles, abrazos, cartitas y mensajes, la princesa constancia que es Ana, que siempre está ahí tan responsable, tan trabajadora, tan buena, tan pendiente de todo, y como no la princesa viento de la alegría, que es la pequeña Blanca que con sus ocurrencias y espontaneidad siempre nos hace reír.

En la historia de mi vida, también está mi rey, trabajador, reservado, tímido, algunas veces tosco en palabras, pero con un corazón rebosante de cariño y amor para las mujercitas de su casa.

Y así día tras día en nuestro particular palacio, vivimos el día a día, de vez en cuando un viaje, de vez en cuando una ilusión, de vez en cuando una buena noticia, que aprovechamos para celebrar como la mejor ocasión, también hay sombras y tristezas, momentos malos y amargos, pero a pesar de estos, podemos decir que la vida no nos trata con excesiva dureza.

Y este cuento aún no tiene final, pues la vida sigue y no sabemos como puede acabar, el deseo de esta reina es que sus princesas lleguen algún día a un buen puerto, que sean independientes, que se valgan por si mismas, que tengan una profesión que les permita vivir cómodamente, ni mucho ni poco, lo normal, y que encuentren a un Príncipe Azul y no a un Sapo Feo.

Continuará.

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