Un sí a la vida sin guerras


si a la vida

La ley del aborto está creando dos posturas aún más que enfrentadas en nuestro país, y es que la postura tibia de nuestro ministro lo que ha hecho es cabrear a ambas partes, a los que defendemos la vida, y a los que defienden el aborto. Cuando yo creo que al final, no se trata de una lucha, ni de demostrar quien es mejor o peor persona por tomar una u otra opción, se trata de poner las medidas necesarias para garantizar la vida y que el aborto no se produzca, porque lo que se está dando ahora mismo, es una fuerte crispación en la que lo realmente importa la vida indefensa de ese ser que se gesta dentro de su madre, parece haber pasado a segundo plano.

Las posturas extremistas como algunas entradas que he leído en blogs con títulos, y perdonad la expresión, no es mía: ‘Lo que me sale del coño’, que suena al mayor de los desprecios a ese ser humano que la mujer lleva en su vientre, las posturas de registrar sus cuerpos como si un bebé fuera un quiste para extirpar, me parecen de verdad de una naturaleza más que salvaje e inhumana. Pero igual de inhumana me parece esta gente que va de digna y mira por encima del hombro o como una piltrafa a la mujer que ha abortado. Esos mismos que dicen que abortar es un trauma para la mujer, las traumatizan en muchas ocasiones con sus comentarios. Abortar no es algo que se vaya contando en una cita de amigas, normalmente no se cuenta y si se hace, se hace con alguna persona muy allegada. Yo he sido oyente de dos amigas mías que por distintas razones se vieron obligadas a hacerlo, no son rojas como dicen algunos del batallón de la vida, ni exaltadas, ni fulanas que se han ido con medio pueblo, son mujeres normales, de las que ni nos imaginaríamos que jamás lo hubieran hecho, y lo hicieron en su momento, creyendo que era lo adecuado, y las dos llevan toda la vida torturándose por esa decisión.

Quizás si todos acercáramos posturas, si verdaderamente nos dejaramos de malditos intereses, y dejáramos de tomar esto como una lucha a ver quien es mejor persona, quizás entonces, podríamos explicar qué es realmente un aborto, la gente se informaría que es lo que se hace, y os puedo asegurar que a sabiendas de a lo que se va, el número de abortos se reduciría singularmente.

Yo, siempre que hablo de aborto, me acuerdo de Blanca, cuando me enteré de mi embarazo fue el peor de los momentos de mi vida, pero lo tuve claro, aposté por ella, aposté por mi, y Dios me ayudó y aquí estamos, no nos ha faltado el trabajo y esa difícil situación económica forma parte ya de mi pasado, a cambio tengo una hija preciosa, a la que adoro y que con sus gracietas y travesuras nos tiene a todos locos en casa. También me acuerdo de la hija de la frutera, a la que tras hablar con mi madre y conmigo decidió seguir adelante con su embarazo y no abortar, el mismo día que tenía la cita para hacerlo, hoy día tiene un niño precioso, tres meses más pequeño que Blanca.

Pero al igual que soy cristiana para defender la vida, soy cristiana para saber que todos nos equivocamos, que todos tenemos pecados y que todos podemos arrepentirnos y reaccionar, hacer propósito de la enmienda y seguir adelante.

En estos días escucho a amigas mías que militan en el PSOE, y ya son varias (7 u 8) las que me dicen que están en contra del aborto pero que les da miedo decirlo, por disciplina de partido, también tengo compañeras del PP que están a favor, pero que tampoco se atreven a contarlo por miedo a que las miren mal. ¿Entonces a que jugamos?¿Vamos a vender nuestros principios por unas malditas siglas? ¿Donde queda la verdadera libertad de la mujer entonces?

Por no hablar de esos exaltados que se creen perfectos y comulgan con medio metro de lengua para que el cura de turno diga que bueno o buena es fulanita, pero que con sus lenguas pueden matar a quien tienen al lado de la maldad que son capaces de lanzar por ellas.

No se si me estaré haciendo vieja, pero seguiré gritando a los cuatro vientos que defiendo a la vida, que no soy nadie para hacer nada sobre la vida de otro, pero que también defiendo la caridad hacia la otra persona, la comprensión, y sobre todo, lo que defiendo son mis valores, esos que yo siento míos, aunque respetando la opinión de los demás.

El tema del aborto es un negocio, que mueve miles de millones en todo el mundo, empresas que se dedican a ganar dinero vendiendo una libertad falsa a las mujeres, convirtiéndolas en víctimas de sus propios miedos, se las engaña, no se les da la información adecuada, no se les da un buen consejo, y al final muchas tendrán que vivir toda su vida con aquella decisión que tomaron probablemente en el peor momento de su vida, porque nadie salió en su ayuda.

Pero no solo es un negocio, el aborto es cuestión de educación, y esa educación somos los padres las que la tenemos que dar en casa a nuestros hijos, inculcándoles valores, respeto, amor y comprensión, dándoles buen ejemplo y enseñándoles que nuestros actos tienen consecuencias y que muchas veces si no hacemos lo correcto, éstas pueden traer daños colaterales. Si criamos hijos caprichosos, hijos acostumbrados a tener cosas sin esfuerzos, sin exigirles responsabilidades, no sabrán que es el respeto, ni el esfuerzo, ni valorar nada, y si encima ante un problema de un probable, le damos una pastillita o les llevamos a una clínica abortiva, estaremos creando auténticas marionetas desgraciadas. Ahora, si explicamos las cosas como debemos, y poco a poco vamos construyendo a personas, hay un riesgo de equivocarse, siempre lo hay, pero también un alto porcentaje de éxito.

Se consigue más con el acercamiento, tendiendo una mano, con comprensión, con humildad que montando una batalla por la vida, no me gustan las guerras, creo que con nuestro ejemplo, con nuestro sacrificio y con nuestra ayuda, salvaremos a muchísimos más niños que creando el bando bueno y el bando malo. En este país ya hemos estado separados por una guerra, no dejemos que la manipulación nos separe más de lo que ya lo estamos por esa memoria histórica que algunos utilizan a su antojo, porque ya se sabe, ‘Divide y vencerás’.

Un comentario en “Un sí a la vida sin guerras

  1. El tema se ha radicalizado por aquellos que afirman que un feto no es un ser vivo. No se trata de culpar a la mujer, sino de salvar al niño que lleva dentro, pero es difícil hacerlo sin ser beligerante porque hay mucha gente que no atiende a las mínimas razones. Un beso.

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