¿Atípica o más común de lo que creo?


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Con este título empiezo mi entrada de hoy. A estas alturas no se si soy atípica o si por el contrario, soy más común de lo que me imagino.

Desde hace poco más de tres meses, siento que soy de nuevo madre primeriza, y que no controlo nada. Y he de reconoceros que esto me pone muy nerviosa. Pues soy de las que siempre quiere tener la situación controlada. Quizás por mi caos y descontrol cuando era pequeña, hoy día me impongo mucha autodisciplina y me he acostumbrado a vivir entre normas, porque es la forma de tener bien vigilada a la mujer caótica que sigue viviendo dentro de mi.

La entrada de Ana en la adolescencia me ha hecho tambalearme como persona y como madre, he sufrido ansiedad, miedo, preocupación, desvelos, agobios, pero sobre todo muchísimas inseguridades. Hacía tanto tiempo que no tenía tantos interrogantes en la cabeza, que se me había olvidado ya la situación, y es que cuando la comodidad se instala en ti, resulta difícil perderla.

Enfrentarte a que tu hija está descubriendo el mundo, acertar con que nivel de vigilancia es el adecuado, que nivel de conversación,como has de ejercer tu autoridad,  como hay que actuar en situaciones de despiste, me ha llevado a recordar, aquellos días en los que llegó a mis brazos, y como al principio no sabía exactamente que hacer. Esa sensación de impotencia de no conocer porqué llora, si es que se ha ensuciado el pañal, tiene calor, tiene hambre, o simplemente necesita contacto humano. Esa responsabilidad como madre desde el primer día de pensar en como hacer las cosas bien, porque te enfrentas a la meta más importante construir personas, con un modelo a seguir, el tuyo propio, el que crees más adecuado, quizás el que has recibido, aunque a veces con esos matices personales de esas experiencias que marcaron tu vida.

Los días pasan, y poco a poco, te das cuenta de que el llanto de hambre es distinto, al de cuando le duele la barriguita, al de cuando están aburridos, tienen sueño, o se encuentran enfermos.

Y ahora de nuevo, me hallo ante una situación nueva. Pero con una importante diferencia, en la primera etapa ante el mundo, lo descubren de una forma pasiva, arropados, se sienten durante sus primeros años incluso parte de ti, ahora toca una etapa más difícil, ya no se trata de descubrir colores, sensaciones, estados de ánimos, sonrisas, llantos y algún que otro berrenchín, conocer si te gusta más el pollo, la carne o el pescado, lo dulce o lo salado.

Ahora hablamos de tomar conciencia de lo que nos rodea, y ver que los estímulos que recibimos también podemos provocarlos nosotros.

Descubrir esa sensación de tener mariposas en la barriga con ese chico que pasa largas horas charlando contigo y que te hace sentir especial, querer gustar a los demás, sentirte integrada, parte del mundo, querida, aceptada, empezar a ver que hay otras formas de diversión de las hasta ahora conocidas, estar con la cabeza en las nubes, con la sensibilidad a flor de piel, que se te escape algún que otro taco, cuando antes eras incapaz de pronunciarlos, y esa rebeldía típica de la edad, y ese altruismo, esa sensación de que eres capaz de hacer cosas, de que a lo mejor quien sabe, algún día podrás cambiar el mundo, aunque al final solo sean sueños de juventud. Quien no haya sentido todo esto, quien no haya hecho alguna tontería en su vida, quien no se haya despistado o suspirado por ese primer amor, quien no se haya puesto a llorar o a reír casi sin espacio temporal, es que no ha sido joven, o aún peor es que no ha vivido.

Ayer volví a aprender una lección de vida, en dos partes. La primera parte se la debo a mi buen amigo Jesús García, que me dejó bien claritos algunos conceptos, y me dio la confianza que necesitaba en el momento que lo necesitaba. La segunda vino de la mano de Ana, de mi adolescente, de mi princesa, que capacidad de razonar, que forma de asumir los errores, darse cuenta de las cosas, y tras todo, recomponerse y motivarse para seguir adelante.

Estoy muy orgullosa de ti hija, no sabes cuánto. Lo de ayer te honra, y me hace ver que tan mal no lo he hecho contigo, y que como me dijo Jesús, estás completamente preparada para empezar a ir saltando esos pequeños obstáculos que la vida nos pone a veces, esas pequeñas decepciones que nos ayudan también a apreciar las cosas y darles su valor adecuado.

Solo te quiero decir una última cosa vida mía, cambia solo de ti, lo que veas que humildemente has de mejorar, pero nunca pierdas todo lo bueno que tienes, eres un ejemplo a seguir, eres un orgullo de hija, un orgullo de alumna, una muy buena amiga de tus amigos y un proyecto precioso de mujer. TQM.

PD: Me encantó tu reflexión de ayer sobre las relaciones de pareja, deberías de escribirlo en tu blog, quizás puedas ayudar a otras chicas a entenderlo también como lo has entendido tú.

 

Un comentario en “¿Atípica o más común de lo que creo?

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