Carta a mi hija Lucía


2014-03-08 15.55.07

Querida Campanilla:

El próximo viernes, a esta hora, estarás recibiendo el Sacramento del Perdón. Un pasito más en tu vida como cristiana, como hija de Dios.

Recuerdo aquella charla de Don Manuel Boldes, en la que nos instaba a los padres a amueblar bien la cabeza de nuestros hijos. Exactamente sus palabras fueron: ‘La mente de vuestros hijos, es una gran sala vacía, llena de sillas, vosotros tenéis la capacidad de amueblarlas correctamente, y ayudarles a que sienten en esas sillas los valores correctos, con la ayuda de Dios y María’. Desde que las escuché esas palabras han quedado grabadas en mí. Fue en la convivencia de madres e hijas con motivo de la Primera Comunión de tu hermana Ana, hoy pensando en la tuya han vuelto a brotar de mi mente.

Mediante el sacramento de la Penitencia, Dios nos perdona nuestros pecados, tenemos la oportunidad de conocernos mejor a nosotros mismos, de saber en qué tenemos que mejorar, que aspectos de nuestra vida nos alejan del camino hacia Dios y nos hacen daño.

Pero tu eres una niña muy especial, tienes un don especial, y no me refiero a tu alta capacidad intelectual, que va cariño. Me refiero a tu gran corazón, a tu nobleza, a ese cariño que desprendes por todos los poros de tu piel, a como te preocupas por todos nosotros, como te alegras cuando nos ves alegres y como te preocupas cuando nos ves triste. Eres la parte más jugosa de este bocadillo, porque tienes el don de ponerle sabor a todo.

Tu alegría, tu fuerza, tu desparpajo, tu inteligencia, tu gran corazón, tu humildad, tu bondad, tu energía, tu sonrisa, tu vitalidad, te hacen única, te hacen un ser especial, y seguro que Dios desde el cielo, se sentirá muy orgulloso de ti, cuando en ese momento íntimo, antes de confesar tus pecados medites sobre esos defectillos que parecerán átomos entre tanta bondad de tu corazón.

Mi Campanilla está creciendo, y se me está haciendo mayor, y cada día que pasa me siento más orgullosa de tí, de tu forma de ser, de tu comportamiento, y de ese gran corazón.

Quedan menos de dos meses para que hagas tu comunión, y yo vuelvo a estar llena de ilusión, una ilusión por ver que otra de mis niñas, mi princesita Lulu se me va también haciendo mayor.

Te quiero Lucía, estoy muy orgullosa de ti, aprende de este sacramento, y utilizalo cada vez que lo necesites, el alma, el corazón también necesita su higiene personal, y muy importante ese ratito de antes de ir a dormir reflexionando sobre lo bueno y malo que hemos realizado durante el día, te ayudará a ir tomando conciencia de que cosas has de corregir.

¡Te quiero vida mía!

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