Pilas cargadas


pilas cargadas anaroski por la familia por la vida
No hay nada mejor que sentirse con las pilas cargadas, en actitud positiva, con fuerzas y ganas de seguir hacia adelante. Esa sensación como de recién duchada, y es que la actitud es lo más importante a la hora de ir caminando por la vida.

Hay veces que nuestra vida parece que es una maratón de obstáculos, y los problemas crecen en cualquier rincón, algo así como cuando a un electrodoméstico de casa le da por estropearse, y en solidaridad se te estropean tres o cuatro más, pero luego, llegan etapas de paz, de interiorizar, de reflexión sobre uno mismo, y sobre el papel que en este mundo nos ha tocado representar.

En ocasiones, el guión nos pone en escenarios que no nos gustan y queremos huir, pero claro, cabe la posibilidad que al pasar la página de ese guión, sigamos con el problema, así que lo mejor es enfrentarlo.

Estas vacaciones que acaban de pasar, me han sido de gran ayuda, pues me han permitido cargar bien las pilas, disfrutar de mis tres soles, aunque eso sí, he echado de menos a mi marido, que por temas de conciliación (aquí conciliar siempre nos toca a los mismos, aunque los políticos se pongan medallas, los que nos estrujamos la cabeza somos los padres) no cogerá las vacaciones hasta la próxima semana, y de esta forma conseguir que las princesas puedan disfrutar de un verano como se merecen, y que por circunstancias de la vida, hacía ya unos años que no tenían.

El viernes volví al trabajo, y no sentí depresión postvacacional, ni nada parecido. Al contrario, me sentía feliz, por tener un trabajo a donde volver, por haber disfrutado de mis vacaciones todo lo que mi imaginación y mi bolsillo me han permitido, y por tener a un hombre maravilloso, gruñón como el solo muchas veces, cuando llego a casa, y tres petardas que muchas veces me ponen todo patas arriba y me sacan de mis casillas, pero sin las que no podría vivir.

Agosto ha llegado con buenas noticias, un nuevo horario, más flexible que me permitirá estar más tiempo con los que quiero, la boda del hijo de mi gran amigo Guillermo Riol, que es un amigo con mayúsculas, y al que adoro, y como no, ese petardo que tengo casi todos los días en casa, que con sus abrazos de oso, me ha ganado el corazón, y al que espero ver mucho por aquí, porque ya cuando no está, se le echa mucho de menos, el tiempo irá diciendo…

Ahora solo queda, poder disfrutar de esos pequeños momentos del día a día durante el mes de agosto, hacer alguna escapada loca, de esas improvisadas y sin pensar que acaban siempre en la mejor aventura, y coger fuerzas para septiembre, donde nuevamente, comenzará un año más el curso escolar, y ahí hay que darlo todo, hay que volver a poner la carne en el asador, y con energías renovadas volver aguantar nueve meses de competiciones semanales, de organización, de horarios, planificaciones y sacrificios a cambio de excelentes resultados académicos. Y es que, mejores o peores, en esta familia, todos remamos a una, si alguno no puede, los demás ayudan, y sacrifican su tiempo a cambio de que todos podamos alcanzar las metas propuestas.

 

 

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