La rutina


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La palabra rutina suena a algo aburrido, soso, sin gracia, y parece que esa palabra trae de cabeza a mucha gente que se afana en romper la rutina, en escapar de ella.

Yo con el tiempo, he aprendido que no hay nada mejor para mi que la bendita rutina. La rutina de levantarme cada mañana dando gracias a Dios por un día más, de acostarme cada noche junto a mi marido, de hacer ese examen de conciencia para evaluar la jornada vivida finalizando pidiendo a Dios volver a levantarte al día siguiente con fuerzas para afrontar los pequeños retos diarios, la rutina de los colegios de mis hijas, de mi trabajo y mi oficina, la rutina de las comidas, las tareas domésticas, y así un largo etc. 

Se que a veces, hay que modificar esa rutina, y salir de ese plano, para ver tu vida desde fuera, cambiar ese ángulo que a veces se nos contamina por encabezonarnos en nuestro punto de vista. Pero no se puede vivir pensando siempre en cuando podré variar mi rutina.

Tener rutina significa muchísimas cosas, la primera es que tienes la suerte de estar viva, de poder hacer cosas, de pensar, reír, llorar, trabajar, disfrutar; la segunda es que tienes la suerte de tener gente a tu lado alrededor que te quieren, que los quieres y que te preocupas por ellos y ellos se preocupan por ti. 

Tampoco puedo obviar la rutina del hogar, si la tienes es porque tienes una casa, que será más pequeña o más grande, más céntrica o menos céntrica, pero tienes un lugar donde refugiarte, donde tener tus momentos de intimidad y ser feliz.

Luego está la rutina de la pareja, y que aburrido suena esto, alguna que otra vez he oído. ¿Hija siempre con el mismo? ¿No te aburres? Y siempre he contestado, hay momentos para todo, para el aburrimiento, para la pasión incontrolada, para el estress, para los enfados y para la comunicación. Y es que tener una rutina de pareja, significa algo muy importante, tienes un compañero o compañera que es tu copiloto en la aventura de la vida.

Llega el momento de la rutina de los hijos, menuda tarea!!! Y encima llegaron con mucha ilusión por nuestra parte, pero sin manual de instrucciones oiga, y cada uno, a pesar de haber nacido de su padre y de su madre, completamente distinto, y lo que te funcionaba con el primero no te funciona con el pequeño, y lo que jamás hubieras imaginado que harías, acabas haciéndolo por culpa del mediano. Pierdes los nervios, lloras, a veces gritas, te conviertes en choni, pero cuando no están, la casa está vacía, y tu corazón está contraido de pensar como estarán, con quién estarán y como lo estarán pasando. 

Por último la rutina de la oficina, mismos compañeros, mismos jefes, mismas manías, mismas broncas y mismos escenarios, y digo yo. ¿Cuántos ahora desearían tener una rutina laboral?

A veces nos quejamos por rutina, criticamos por rutina, nos sentimos mal por rutina, y la culpa de estos sentimientos, está precisamente en la falta de rutina. Y se que parece un trabalenguas lo que aquí he montado, pero desde hace ya tiempo, aprendí a ver casi siempre el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. A valorar lo que tengo en lugar de anhelar lo que no sé si tendré alguna vez. 

Igual estas ideas se llaman madurar, sinceramente queridos, no lo se, yo me sigo viendo como una adolescente rebelde y si me lo permitís de buen corazón a la que le han empezado a salir arrugas. 

Y vosotros, ¿Qué pensáis? ¿Sois partidario de la rutina?

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