¿Quieres que te preste mis zapatos?


Estimado señor Tamarit, desde que escuché sus declaraciones y leí la noticia en Facebook que mi buena amiga Rocío Jara compartió, no he parado de darle vueltas a la idea de si contestarle o no a su comentario, y al final he decidido que mejor no me quedo dentro lo que sentí al oir sus palabras.

Me llamo Ana María Ros, soy empresaria, bueno más bien, microempresaria, y soy empresaria porque con cuarenta y tantos es muy difícil tener cabida en el mundo laboral y lo más sencillo es generar el trabajo una misma.

Hasta junio de 2015 trabajaba en Cádiz Conecta, SA, una empresa pública del Ayuntamiento de Cádiz, y tenía que lidiar con que muchos me miraran como ahí va la enchufada pepera de turno, como si yo no trabajara, todos mis compañeros le pueden decir a usted el grado de implicación que ponía en todo proyecto que me encomendaban, hasta tal punto que tuve la suerte de que un par de cofradías de la ciudad y una de las asociaciones de empresarios premiaran mi labor con algún que otro reconocimiento o diploma que me llegaron al corazón.

El 13 de junio, día de San Antonio, (lo tengo presente porque además soy católica y practicante) me quedé en desempleo, y creame el cielo parecía que se había cerrado sobre mi cabeza, pero aprendí de mi abuelo, onubense y cumbreño adoptado en la Isla en los tiempos de la Guerra Civil, que hay que levantarse y seguir adelante, y volver a intentarlo tantas veces como sean necesarias hasta lograrlo, de ese señor bajito, don Manuel el de la tienda del Gallo, tuve la suerte de aprender la cultura del esfuerzo, el trabajo duro y el sacrificio, y también disfrutar de comodidades como estudiar en el extranjero, allá por los años 90 cuando casi nadie podía permitirse viajar fuera de España a estudiar otro idioma. Mi abuelo, siendo un niño, levantó un negocio, y a su jubilación pudo dar a sus hijos y nietos muchísimas comodidades que el jamás tuvo por esa maldita guerra que muchos se empeñan en seguir recordando para que no se muera la semilla de la discordia en el pueblo español.

Pues educada en una familia de clase media, con unos padres excelentes, con una madre ama de casa (como lo eran la mayoría de las mujeres de aquella época) y un padre funcionario que tomaba como algo personal el que a su prole no les faltara nunca nada, arropada por el cariño de mis abuelos y mis tíos, crecí fuerte, sana e independiente.

No, no me faltó de nada, porque a lo que no llegaban mis padres, estaban mis abuelos, y no me avergüenzo de ello, pero se encargaron muy bien de enseñarme que el dinero no brota de los árboles y que las oportunidades no vienen a buscarte a casa, sino que tienes que ser tú misma quien salga a su encuentro.

Comencé a trabajar en el año 2001, y desde entonces, el período de paro más grande que he tenido han sido 18 días, si señor, 18 días, de hecho el único paro que he agotado en mi vida ha sido el último porque lo pedí por adelantado para montar mi pequeña agencia de marketing y publicidad.

Actualmente llevo casi tres años con mi empresa abierta, no me da para ser rica, pero si para pagar las facturas, y poder pagar alguna formación privada que la actual enseñanza pública no ofrece, para nuestra desgracia y aunque nuestros políticos digan que tenemos la mejor educación del mundo.

Cada semana cojo mi coche, que por cierto tiene 14 años, y salgo rumbo a Marbella es decir, a 235 kilómetros de mi casa para poder llevar cada semana algo de dinero gracias a los cursos de formación que imparto para empresarios, autónomos y emprendedores, además de cuidar con muchísimo mimo a los 11 clientes que desde 2015 confían en mi hacer profesional.

Así que cuando usted dice que en Cádiz no se puede invertir, a mí se me retuerce el alma, y se me hiela la sangre, porque soy madre de tres hijas, y no se puede usted imaginar lo que es que un día tu hija te llame llorando porque ha tenido un mal día y no poder estar allí para abrazarla, para acurrucurla como cuando era pequeña, que sí, que son cosas nimias, de adolescentes, que andan con las hormonas revueltas, pero para ellas son muy importantes, tan importantes como sus estudios, ya que las tres, son chicas sobresalientes y siempre, siempre, siempre recibo felicitaciones sobre su comportamiento, rendimiento y actitud en la escuela. Usted no se imagina lo que duele, volver tras tres días fuera de casa y ver que tu hija mediana ha vuelto a crecer, y saber que lo notas porque no estás con ella, no tiene ni idea de lo que es reinventarte con 42 años, para comenzar a poder ver algo de luz este 2018 con mis 45 recién cumplidos.

Pero lo peor, es que dice muy poco de usted, que para atraer a Córdoba la inversión tenga que tirar por tierra a una provincia andaluza y hermana como lo es la mía, si por algo me caracterizo es por no hablar mal de los compañeros de mi sector, porque considero que mi profesionalidad y buen hacer son argumentos de venta más que suficientes como para tener que tirar por tierra a nadie.

Sinceramente, creo que usted es mediocre, y como mediocre que es no le salió en ese momento convencer a esos inversores diciendo que Córdoba es un lugar ideal para instalarse porque sus gentes son gentes buenas y que se implican en los proyectos que realizan, porque sus gentes están hastiadas de ser la segunda provincia con más paro de España y quieren demostrar al mundo de lo que son capaces, porque sus gentes son amables y hospitalarias, porque además podrán disfrutar de una historia viva como son sus bellos monumentos y degustar el mejor salmorejo, los más exquisitos flamenquines y ese cabrito delicioso que solo ustedes saben preparar, fíjese si tenía usted argumentos para convencer a esos inversores tan importantes.

Entiendo que la presión a veces juega malas pasadas, pero sabe una cosa, no me ha ofendido, usted me ha dado pena, porque mientras que usted sale en prensa por su desafortunadísimo comentario, yo seguiré viajando cada semana a Marbella, orgullosa e ilusionada, porque a pesar de ser gaditana, porque a pesar de haber perdido mi empleo y haber vuelto a tener que empezar, tengo los ovarios suficientes para por mí misma y sin tirar a nadie lograr un sueldo a mi casa y hacerme cada día un huequecito en mi sector profesional.

Así que como empieza este post lo acabo, estimado señor Tamarit, la próxima vez, antes de hablar, le invito a que se ponga mis zapatos, los zapatos de muchos gaditanos que tenemos que maravillarnoslas como Lolita en el anuncio de Crismona para llegar a fin de mes con trabajo duro, ilusión y creatividad y por supuesto sin ofender ni menospreciar a nadie.

 

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